La polémica entre Juana Manso y Marcos Sastre se inscribe en las disputas que atravesó la educación argentina del siglo XIX: la elección de los libros escolares, las ideas que debían orientar la enseñanza y los intereses que intervenían en la publicación y distribución de esos textos.
En 1864, cuando Juana procuraba que su Compendio de la Historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata fuera adoptado en las escuelas, aun con el respaldo de Bartolomé Mitre, encontró resistencias que la obligaron a defender su obra. La trayectoria de Sastre, autor de numerosos libros escolares y funcionario de la educación, permite reconocer otra dimensión del conflicto: la relación entre las decisiones educativas y los intereses vinculados con la producción y venta de los textos. En 1865, un decreto prohibió que los empleados de instrucción primaria tuvieran intereses económicos en la provisión de libros para las escuelas públicas, y Sastre renunció poco después a la dirección de la Escuela Normal de Preceptores .
En Juicio de imprenta, Manso hace pública su defensa frente a los agravios que denuncia en un artículo vinculado a Marcos Sastre. Lejos de aceptar el silencio o ceder ante las presiones, recurre a la justicia y a la palabra escrita para defender su nombre y su dignidad.
Juicio de Imprenta
(Artículo comunicado.)
Habiéndose esquivado por segunda vez el señor Sastre a comparecer ante el Juzgado Correccional a responder a la demanda entablada contra dicho señor por injurias, me veo obligada a hacer una breve exposición al público de este asunto que sufrirá en su terminacion las delongas de la chicana.
He aquí los hechos:
Apenas constó que el artículo firmado Muchos preceptores se hallaba acusado ante el Juzgado Correccional, recibí una carta de la parte contraria, aunque no precisamente del señor Sastre, pero sí de persona que representaba los intereses; en esa carta, intimábaseme que retirara mi acusación bajo las amenazas siguientes:
1. Decirme desde una hasta ciento ante los Tribunales y auditorio.
2. Entablar una contra acusación por diez artículos firmados por mí con el objeto de denigar una persona y desacreditar las obras de un autor, y por los cuales tendría yo que pagar una multa
3. Escribir diez articulos más injuriosos contra mí por los cuales tendría que volver diez veces ante los Tribunales e incomodar al. Dr. Gomez debiéndole otros tantos favores (lo que no era de mi carácter.)
Faltó amenazarme con el puñal y con el latigo de la mazorca!
Yo respondí como debía, sostuve la acusación y a las 24 horas de recibida esta carta, volví a ser instada no ya con amenazas sino con súplicas y manifestándoseme que solo en el interés de mi propio bien y el evitar lo mucho que iba a dar que hablar se instaba conmigo para retirar mi acusación.
Ese mismo día leia yo en los autos la declaracion del Editor de la Nación Argentina así concebida:
“El autor y garante del artículo acusado es D. Marcos Sastre.”
Presentóse este señor en casa de mi abogado el Dr. D. Juan Carlos Gomez pidiéndole que lo defendiera, a esto el Dr. Gomez contestó que era mi abogado: entonces el señor Sastre le insinuó que se cortase el asunto y mi abogado respondió que no había dificultad en ello, desde que se retractase públicamente de los cargos infamantes de su artículo; el señor dijo, que no tendría dificultad en hacerlo primero porque no había hecho más que garantir el artículo y segundo porque era el primero en reconocer la injusticia de las imputaciones que se me hacian, y quedó con el Dr. Gomez en terminos que este caballero creyó que en el primer juicio verbal su intersección quedaría reducida a redactar una acta de retractación.
Entre tanto el día del juicio verbal el Dr. Gomez llegado primero al Tribunal tuvo la cortesía de esperar un cuarto de hora al acusado y teniendo el señor Juez Coreccional visita de cárcel, se retiró. Mas tarde se presentó el señor Sastre acompañado del Dr. D. Manuel Argerich y diciéndoseles que el Juez tenía visita de cárcel, salió el señor Sastre derecho a poner un remitido en el Nacional, calumniándome de nuevo, quedando desvanecida esa nueva impostura por la publicación de mi escrito al Juez Correccional en la Tribuna del 31.
El señor Juez Boneo proveyó en el acto señalado el 1.° de Febrero a las 12 del día; el señor Sastre fue notificado y mi abogado compareciendo a la hora precisa, esperó en vano una hora, sin que ni el señor Sastre ni poderdante suyo se presentasen; razón por la que se proseguirá el asunto con la energía de medios que la ley garanta en este caso, puesto que, aun cuando sea yo una mujer completamente desamparada y sin pariente alguno en el mundo que vuelva por mí, un abogado como el Dr. Gomez es suficiente a protejer una familia desvalida y no faltan tampoco hombres generosos que, respetando la desgracia, presten su apoyo a quien no tiene mas que el de Dios; porque en este caso esos hombres son el instrumento de la Providencia, que vela por el inocentes; y mis perseguidores que contando con mi orfandad han creido estar garantidos por la impunidad, y calculando mis escasos recursos, mi natural sensibilidad, los disgustos que acarrean o los trámites de un asunto judicial, han reído de antemano, gozando en los conflictos que iban a suscitarme, deben penetrarse de una verdad y esta es, si bien no tengo un pariente que tome mi defensa, tengo a lo menos algunos nobles corazones amigos, que me ayudan y me evitan con generosa dedicación las fatigas y pasos necesarios a obtener la justa reparación que solicito.
El Sr. Sastre, entre tanto, parece que se ha ausentado, no sé para donde, me consta que solicitó licencia que le fue concedida; su intención es demorar el asunto para que el casancio de mi parte, y el olvido del público por otra; traigan la impunidad, pero hay almas, que es más fácil despedazarlas que mansillarlas, y después de de veinte años de infortuntos y sufrimientos, tengo el derecho de contarme en el número de esas almas.
No sé el tiempo que durará el proceso pero yo no retrocederé una línea, sin conseguir mi vindicacion; tengo fe en Dios, confianza plena en el noble proceder, y en el talento de mi defensor, y suficiente paciencia para esperar el fallo de la justicia humana, como de la Divina.
Juana Manso


