Una alianza que transformó la educación
La relación entre Juana Manso y Domingo Faustino Sarmiento fue una de las alianzas intelectuales y educativas más importantes de la Argentina del siglo XIX. Compartieron una convicción profunda: la educación era una condición indispensable para transformar la sociedad y construir una nación más libre.
Pero la historia de este vínculo no puede reducirse a la coincidencia de ideas. Hubo trabajo compartido, debates, reconocimiento, diferencias, proyectos, cartas, publicaciones y una confianza intelectual que se sostuvo durante años.
Y hay algo más: muchas veces es el propio Sarmiento quien permite recuperar la dimensión de Juana Manso. Sus palabras muestran hasta qué punto reconocía en ella una educadora excepcional, capaz de comprender y sostener una obra que encontraba enormes resistencias.
1853: una mujer que no encontraba lugar en las escuelas
Cuando Juana Manso regresó a Buenos Aires en 1853, buscó incorporarse a la enseñanza. Su pedido fue rechazado y volvió a Río de Janeiro. Tiempo después, con el apoyo de Bartolomé Mitre y José Mármol, regresó nuevamente a Buenos Aires.
En esos años, la educación de las niñas se encontraba principalmente bajo la órbita de la Sociedad de Beneficencia. La enseñanza mixta constituía una experiencia particularmente controvertida y encontraba una fuerte oposición social.
En 1859, cuando Sarmiento se encontraba al frente del Departamento de Escuelas, se impulsó la creación de una escuela de ambos sexos para que Juana Manso pudiera dirigirla. La elección no fue casual. Era necesario encontrar una mujer dispuesta a asumir públicamente aquella experiencia y a sostenerla frente a quienes consideraban inconveniente o incluso inmoral la educación conjunta de niños y niñas.
Años después, Sarmiento lo recordaría en una carta a Mary Mann:
“Yo creé una escuela de ambos sexos […] para colocarla a ella, a fin de aprovechar de su conocida instrucción, i honrar en ella el talento.”
(Sarmiento a Mary Mann, 1866)
La incorporación de Juana resultó decisiva para hacer posible aquella experiencia de enseñanza mixta.
Una educadora a la que Sarmiento reconocía
La relación entre ambos fue creciendo alrededor de la educación. Sarmiento encontró en Juana a alguien que no solo comprendía sus ideas, sino que estaba dispuesta a llevarlas a la práctica y a defenderlas públicamente.
En 1866, al escribir a Mary Mann, lo expresó con claridad:
“Es la única persona que se ha apasionado por llevar la cruz sobre sus hombros; y Usted ve que con decisión y resignada a sufrirlo todo.”
(Sarmiento a Mary Mann, 1866)
Y agregó:
“Mis cartas, que ella publica, le hacen mucho bien, y la revisten de autoridad.”
No era un reconocimiento menor. Sarmiento sabía que sus propias palabras contribuían a darle a Juana una autoridad que ella necesitaba para intervenir en el campo educativo, donde una mujer que escribía, discutía y ocupaba un lugar público encontraba una oposición constante.
En otro de sus textos dejó una frase que se convirtió en una de las expresiones más contundentes sobre Juana:
“La Manso, a quien apenas conocí fue el único hombre en tres o cuatro millones de habitantes en Chile y Argentina que comprendiese mi obra de educación y que inspirándose en mi pensamiento, pusiese el hombro al edificio que veía desplomarse. ¿Era una mujer?” (Sarmiento, “Las santas mujeres”, Memorias, Obras Completas, vol. 49, p. 294)
La pregunta final no es casual. En el lenguaje de la época, Sarmiento estaba señalando precisamente aquello que encontraba excepcional en Juana: su capacidad intelectual, su decisión y su disposición para comprometerse con una obra que consideraba fundamental.
Escribir, combatir, resistir
La correspondencia entre ambos muestra también la dimensión política que adquirió la tarea educativa de Juana.
Desde Lima, el 10 de abril de 1865, Sarmiento le escribió:
“Escriba, combata, resista. Ajite las olas de ese mar muerto, cuya superficie tiende á endurecerse con la costra de impurezas que se escapan de su fondo.”
(Sarmiento a Juana Manso, Lima, 10 de abril de 1865)
Y continuaba:
“La colonia española, la tradicion de Rosas, vacas, vacas, vacas. Hombres, pueblo, nacion, república, porvenir. Todo está en los bancos humildes de la escuela. Trabaje y el pueblo le ayudará.”
Juana no se limitó a publicar sus ideas. Dio conferencias, escribió, dirigió los Anales de la Educación Común y convirtió la discusión sobre la educación en una intervención pública.
Sarmiento seguía atentamente esa actividad. El 28 de junio de 1866, desde Lago Oscawana, Nueva York, escribió a Pedro Quiroga:
“Veo que la señora Manso está dando lecturas sobre mis viajes de 1847. La verdad es que, no obstante dos ediciones, nadie habia leido antes esa obra, que hoy publicaria con mi nombre, tan exactas son sus observaciones.”
(Sarmiento a Pedro Quiroga, Nueva York, 28 de junio de 1866)
También conocía las resistencias que provocaba su manera de intervenir en el espacio público. En otra carta le aconsejó:
“Baje usted pues, la voz en sus discursos y en sus escritos, a fin de que no llegue hasta aquí el sordo rumor de la displicente turba.”
(Sarmiento a Juana Manso, Nueva York,1867)
Juana continuó escribiendo.
Una relación que atravesó las fronteras
La relación entre Juana Manso y Sarmiento no quedó circunscripta a Buenos Aires. Sarmiento difundió sus escritos en los Estados Unidos y fue quien la puso en contacto con Mary Mann, iniciando entre ambas una amistad epistolar que se prolongaría durante varios años. A través de esa correspondencia, Juana entró en relación con un mundo educativo que Sarmiento conocía y buscaba acercar al país.
Mary Mann conoció de cerca el trabajo de Juana y compartió con ella libros, escritos y proyectos. También la vinculó con su hermana Elizabeth Peabody y con otros educadores interesados en la educación infantil y en la experiencia de los jardines de infantes. Para Juana, aquel intercambio significó mucho más que recibir materiales: encontró interlocutoras con quienes podía discutir ideas y conocer experiencias que consideraba valiosas para la educación argentina.
En ese intercambio fue adquiriendo particular importancia la obra de Horace Mann. Juana comenzó a traducir sus escritos y a publicarlos en los Anales de la Educación Común. En 1868 publicó Lecturas sobre la educación, y continuó trabajando con sus textos durante los años siguientes. Las traducciones formaban parte de una tarea que Juana entendía como necesaria: acercar al ámbito argentino las ideas y experiencias de quienes estaban pensando la educación en otros lugares.
Mientras esa red de intercambio crecía, también se concretaba uno de los proyectos que Sarmiento había impulsado desde hacía años: la llegada de maestras norteamericanas para trabajar en las escuelas argentinas. Juana estuvo vinculada a ellas desde su llegada y acompañó su incorporación al país, poniendo en contacto las nuevas experiencias pedagógicas con el trabajo que ya venía desarrollando.
La campaña presidencial
Juana Manso participó activamente en la campaña para llevar a Sarmiento a la presidencia de la República. Durante aquellos meses mantuvo una intensa comunicación con él y siguió de cerca el movimiento que acompañaba su candidatura.
El 5 de febrero de 1868, antes de la elección, le escribió desde Buenos Aires. En la carta recuerda una conversación de dos años atrás, cuando Sarmiento había considerado casi imposible que un hombre dedicado a las escuelas pudiera llegar a ser presidente.
Ahora, ante el movimiento que comenzaba a acompañar su candidatura, Juana le escribe:
“Es altamente glorioso para vd. á la distancia, pobre de fortuna, sin partido organizado, atraer así, como un reflector magnético y concentrar en su persona, desde las simpatías lejanas, todas las esperanzas de un pueblo infeliz, pero palpitando de impaciencia por entrar á la vida de las naciones civilizadas, regenerándose en el bautismo santo de la educación!”
(Juana Manso a Sarmiento, 5 de febrero de 1868)
Y agrega:
“Es también por que vd. es hoy para estos pueblos, un propósito vivo, un programa nacional, mas que un hombre…”
Juana Manso y la presidencia de Sarmiento
Sarmiento fue elegido presidente en abril de 1868. Juana había acompañado activamente su candidatura y conocía de cerca las ideas y proyectos que llevaba consigo. Poco después, en octubre, compartió con él el viaje a Chivilcoy, antes de que asumiera la presidencia de la Nación, donde fue recibido por las escuelas, los niños y los vecinos. Allí Sarmiento pronunció un célebre discurso en el que presentó las ideas que orientarían su programa de gobierno.
Al regresar, mientras atravesaban en tren los campos anegados por la lluvia, Juana observó a Sarmiento en silencio:
“Casi toda la vuelta, el Sr. Sarmiento, vino recostado a una ventanilla del tren […] Silencioso, meditabundo, la mirada que V. le conoce, perdida en estos campos de ásperos cardales, parece que estuviese haciendo una vista retrospectiva de su vida entera, y que como el Cristo, se preparase por la oración del Huerto a subir al Calvario…”
Y enseguida anticipaba las dificultades que lo esperaban en la presidencia:
“Resistencias obstinadas lo esperan, ambiciones personales sin número lo rodean, pero no le faltan hondas simpatías, y amigos que le han de prestar el concurso de su brazo.”
(Juana Manso a Mary Mann, 4 de octubre de 1868)
Al final de la carta, Juana condensó en pocas líneas su propia visión de la trayectoria de Sarmiento:
“Las batallas de Sarmiento han sido las de la razón contra la ceguera, las de la civilización contra la barbarie, sus triunfos son los de la tribuna, su gloria, las escuelas, y toda su ambición hacer el bien y la felicidad de su patria! Dios lo proteja.”
(Juana Manso a Mary Mann, 4 de octubre de 1868)
Cuando Sarmiento asumió la presidencia, el proyecto educativo adquirió una dimensión nacional.
Entre 1868 y 1874 se fundaron alrededor de 800 escuelas, se crearon escuelas normales, colegios nacionales y otras instituciones educativas. Se impulsaron las bibliotecas populares, se realizó el primer censo nacional y se promovieron instituciones científicas y educativas como el Observatorio Astronómico de Córdoba, la Academia de Ciencias y la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.
La matrícula escolar pasó de alrededor de 30.000 a 100.000 alumnos durante esos años.
En ese proceso, Juana ocupó distintos espacios desde los cuales pudo desarrollar su tarea. En 1869 fue designada vocal del Departamento de Escuelas. En 1870 participó de la primera Conferencia de Maestros. En 1871 se convirtió en la primera mujer integrante de la Comisión Nacional de Escuelas y fue nombrada vicedirectora interina de la Escuela Graduada Nº 1.
También continuó traduciendo, escribiendo y publicando materiales destinados a la educación.
La relación entre ambos no fue, entonces, solamente una amistad intelectual. Se desarrolló en el terreno concreto de las instituciones, las escuelas, las publicaciones y las políticas educativas.
Juana y Sarmiento, también en la literatura
En 1867, Sarmiento incluyó en la segunda edición de su Vida de Lincoln unos versos escritos por Juana Manso en homenaje a Abraham Lincoln.
No se limitó a incorporarlos al libro. Escribió a Longfellow para pedirle que realizara una traducción inglesa en verso, con la intención de publicarlos en el Atlantic Monthly y hacerlos conocer entre el público norteamericano.
Le escribe a Mary Mann:
“Se ha hecho una segunda edición del Lincoln, con unos bellos versos dedicados a su memoria por Juana Manso, el actual Redactor de los Anales de la Educación en Buenos Aires.”
(Sarmiento a Mary Mann, 19 de marzo de 1866)
Y explica que le había enviado a Longfellow el único ejemplar que tenía, rogándole que hiciera una traducción para su publicación.
“¿Por qué no está la Manso en su seno?”
El reconocimiento de Sarmiento hacia Juana convivió con una sociedad que muchas veces la rechazó por aquello mismo que la hacía excepcional.
En una carta dirigida a Juana Manso desde Nueva York, el 5 de abril de 1866, Sarmiento vuelve sobre los primeros años de su relación con ella. Recuerda las dificultades que había encontrado en Buenos Aires y cómo de allí surgió su incorporación a la primera escuela de ambos sexos:
“De ahí vino su colocación de Vd. en la primera escuela de ambos sexos y su posterior vocación á la enseñanza.”
Habla luego del talento de Juana y de la dificultad de reconocerlo cuando la sociedad lo mantiene en la oscuridad:
“Esos son los humildes; pero el talento desconocido por la obscuridad creada en torno suyo, no es despreciable.”
“¿Es culpa del metal precioso ú útil, que está á la vista en la superficie de la tierra, oro ó hierro, que el hombre que lo pisa al pasar, no baje la vista para que el brillo de uno le revele su presencia, ó sea tan ignorante que se imagine que ese ocre rojizo que crece vil tierra, es el duro acero con que han forjado los rayos de la civilización?”
Y finalmente:
“Existe en Buenos Aires una institución para honrar á las mujeres. ¿Por qué no está la Manso en su seno? Porque es ocre. Verdad es que lo demás es pobre barro; pero todos hemos sido hechos de barro.”
(Sarmiento a Juana Manso, Nueva York, 5 de abril de 1866)
Dos visionarios
Juana Manso y Domingo Faustino Sarmiento compartieron también una manera singular de estar en el mundo. Fueron personalidades intensas, inquietas y poco dispuestas a aceptar los límites que su época les imponía. Los llamaron locos porque se atrevían a romper los moldes, a sostener ideas que parecían imposibles y a avanzar por caminos que todavía no estaban abiertos.
No fueron personalidades calculadoras. Se equivocaron, se enfrentaron, cambiaron de rumbo, insistieron. Tenían la audacia de quienes no necesitan que una idea haya sido aceptada para creer en ella, ni que un camino esté trazado para animarse a recorrerlo. Tampoco buscaban agradar: escribían, discutían y actuaban desde sus propias convicciones, aun cuando eso les valiera críticas, rechazos o aislamiento.
Esa libertad de pensamiento y esa voluntad de transformar lo que los rodeaba ayudan también a entender la fuerza de su encuentro. No se reconocieron solamente como compañeros de ideas: pudieron reconocer en el otro una personalidad capaz de pensar en grande, de asumir riesgos y de sostener una obra aun cuando el reconocimiento tardara en llegar.
“No valoramos este hombre”
En diciembre de 1866, después de la muerte de Dominguito en la guerra del Paraguay, Juana Manso le escribió a Sarmiento.
La Tribuna publica la carta que Juana le escribió a los Varela, relatando el suceso y reflexionando:
“Ay! No valoramos este hombre, nosotros los Argentinos: sus obras que algún día traducirán todas las naciones del globo, revelarán tarde á los venideros, el tesoro de conocimientos y de sabiduría que no supimos apreciar nosotros para la felicidad de la patria, desechándolo por mediocridades incapaces de curar la llaga que nos devora.”
Carta de Juana Manso a Mary Mann, Buenos Aires, octubre de 1868
María De Giorgio


