Misterios del Plata: Introducción (1852)

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Publicada en 1852, un mes antes de la caída de Rosas, la introducción de Misterios del Plata es mucho más que la presentación de una novela, es una reflexión sobre la escritura, la historia, la libertad y la necesidad de construir una literatura americana capaz de narrar su propio tiempo.

Escrita tras largos años de exilio, la obra deja entrever el dolor del desarraigo. La propia Juana Manso lo expresa con palabras inolvidables: «Nosotros escribimos esta novela en las agonías del amor patrio que se extinguía y, cuando a fuerza de sufrir, fuimos arrastrados a un cosmopolitismo indiferente».

No es casual que abra el texto con una cita del historiador francés Jules Michelet, para quien la historia es una lucha permanente entre la libertad y la fatalidad. Catorce años más tarde, en la Lectura pública Sobre la Historia de los Estados Unidos (1866), Juana volverá sobre esa misma idea, retomando a Michelet para reafirmar su convicción de que el progreso humano depende de la educación y de la emancipación del espíritu.

La publicación de la novela en portugués, en O Jornal das Senhoras, el periódico que dirigía en Río de Janeiro, añade otra dimensión a este texto. Sin abandonar la ficción, Juana Manso vuelve a expresar su confianza en la inteligencia de las mujeres y en su capacidad para participar de los grandes debates históricos, políticos y culturales de su tiempo.

Misterios del Plata

Novela histórica contemporánea

Con el mundo comenzó una lucha que solo con el
mundo mismo terminará, no antes: la del hombre
contra la naturaleza, la del espíritu contra la materia,
la de la liberación contra la fatalidad. La historia no es
más que la relación de esta lucha sin fin.
Michelet
Introducción a la historia universal.

No fue por servil imitación de Los misterios de París ni de los de Londres que llamé a esta novela Misterios del Plata.

La llamé así porque considero que las atrocidades de Rosas y los sufrimientos de sus víctimas serán un misterio para las generaciones venideras, a pesar de todo cuanto contra él se ha escrito.

Más poderoso que sus enemigos, sus escritores asalariados contrabalancean el grito de los adversarios del tirano; y otras veces esos mismos escritores, comprados por sus agentes, son aniquilados.

Este mismo riesgo corremos nosotros, pero ¿qué hacer? Es necesario resolvernos a todo, además de que, si la naciente literatura de nuestra América por siempre busca sus tipos en la vieja Europa, nunca tendremos literatura americana, ni literatura nacional.

Levantar el velo funerario de nuestro pasado nos cuesta mucho; porque, de entre ese mar escarlata de la más pura sangre argentina, vemos levantarse pálidos y horrendos los espectros de nuestros amigos, de nuestros hermanos… Con todo, como la última flor depositada por el peregrino en la puerta del hogar doméstico que va a abandonar, nosotros escribimos esta novela en las agonías del amor patrio que se extinguía y, cuando a fuerza de sufrir, fuimos arrastrados a un cosmopolitismo indiferente.

Hoy cuidamos de no tocar la llaga ulcerada que nos dejaron nuestras disipadas ilusiones, nuestras derrumbadas esperanzas; es un deber que quedó en el fondo del corazón, última nostalgia tan duradera como la existencia.

En esta novela encontrarán tal vez lo que todavía se llaman ideas «muy libres» porque, a pesar de su civilización, el siglo 19 conserva prejuicios y horrores e, incluso frente a frente con la verdad, le cuesta salir del gótico edificio, cuyos carcomidos cimientos por todas partes se desmoronan.

Yo, infelizmente tal vez, nunca seré un ser vil, ni en mis opiniones, ni en mis escritos; considero que la percepción de las verdades eternas es un tesoro depositado por Dios en el espíritu humano, no para ser ocultado u olvidado, sino más bien para revelarlo a los hombres con voz sonora y porte altivo.

El apostolado de la ciencia de la verdad es digno de todo aquel que sienta fuerza en el corazón y en el espíritu para sostenerlo.

No sé cuántos defectos, en las formas, encerrará esta novela; nunca cuidé las reglas, porque entiendo que la regla verdadera de toda la composición es la inspiración; nada tan robusto y perfecto como el pensamiento, don de Dios y que, creando, a Él nos asemeja, porque como Él también crea.

Después de todo, yo lo creo, porque a eso he sido arrastrada, yo no sé cómo… He luchado y, por fin, venció alguna cosa que existía desconocida en lo íntimo de mí misma y a cuyo impulso obedezco.

Así, pues, mi novela es verdadera; algunos de sus personajes todavía existen.

La historia de esa heroica Argentina es más un hecho que prueba la necesidad de la ilustración de las mujeres; no solo en provecho de sí mismas, sino también en provecho del hombre, del cual son ellas la compañera y el segundo jefe de familia.

Edición de referencia

Misterios del Plata se cita por la edición preparada por Hebe Beatriz Molina, con prefacio de Sofía Criach, publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo. Esta edición recupera y traduce al español la versión original en portugués publicada por Juana Manso en el Jornal das Senhoras.

Lectura de la obra completa:

Disponible en línea en la Biblioteca Digital de la UNCUYO. Misterios del Plata (UNCU-Biblioteca Digital)

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