La Lectura Pública de Juana Manso sobre la Historia de los Estados Unidos (1866)

Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776), documento fundacional al que refiere la conferencia de Juana Manso sobre la Historia de los Estados Unidos.

Comparte en:

Historia, educación y libertad en el pensamiento de Juana Manso

«Vamos a conocer la historia del primer pueblo de la tierra, que en menos de un siglo de existencia política, ha resuelto el problema que la humanidad viene averiguando hacen cuatro mil años.»

Con estas palabras comienza la Lectura Pública que Juana Manso pronunció en Buenos Aires en 1866 sobre la historia de los Estados Unidos y la reforma religiosa.

Desde sus primeras líneas queda claro que no se propone simplemente narrar la historia de un país. Lo que busca comprender es un problema mucho más complejo: cómo llega la humanidad a hacer posible una verdadera república.

Formaba parte de un ciclo de conferencias anunciado públicamente, pero es esta Lectura —cuyo texto se conserva— la que permite comprender con mayor claridad el alcance de su pensamiento.

El tema declarado era la historia de los Estados Unidos y la reforma religiosa. Sin embargo, el problema que organiza su reflexión es el desarrollo histórico de la libertad y las condiciones que hacen posible una república fundada en la ley, la conciencia y la educación.

La historia como camino hacia la democracia

Ese problema queda definido por la propia Juana cuando presenta «el problema de la república, gobierno del pueblo por el pueblo, sumiso a la autoridad moral de la ley sin el apostolado de las bayonetas.»

Para desarrollar esa idea organiza la historia universal como un proceso de transformación de la humanidad. No se trata de una simple sucesión cronológica de acontecimientos, sino del desarrollo progresivo de las condiciones que hacen posible la libertad.

La propia conferencia resume esa interpretación cuando afirma que la experiencia norteamericana «divide la historia universal de la civilización en tres períodos distintos: Civilización pagana, de la edad heroica. Civilización Europea, de la edad monárquica. Civilización Americana, de la era democrática.»

La primera etapa corresponde a las antiguas civilizaciones paganas, representadas por Grecia y Roma. Aunque reconoce en ellas importantes aportes culturales y políticos, Juana considera que su experiencia republicana quedó limitada por la esclavitud, la desigualdad jurídica y la ausencia de una verdadera justicia universal.

La segunda etapa está representada por la Europa monárquica. Allí el obstáculo para la libertad ya no reside en la esclavitud antigua sino en la concentración del poder político y religioso. La alianza entre el trono y la Iglesia, los privilegios hereditarios y la negación de la libertad de conciencia impiden el desarrollo pleno de la soberanía popular.

Solo en una tercera etapa, inaugurada por la experiencia norteamericana, la humanidad logra reunir las condiciones necesarias para una verdadera república democrática.

La democracia no aparece como un accidente histórico ni como una simple innovación política, sino como el resultado de una larga evolución moral de la humanidad. Los Estados Unidos representan, para Juana Manso, el momento en que ese proceso encuentra por primera vez una realización histórica.

El progreso como desarrollo moral

Uno de los aspectos más originales de la conferencia es la manera en que Juana Manso entiende el progreso.

Al comienzo mismo de la exposición resume esa idea con una frase de extraordinaria fuerza:

«La historia de los Estados Unidos es la victoria final del hombre sobre la naturaleza, del espíritu sobre la materia, del progreso sobre la fatalidad, de la libertad sobre la esclavitud.»

El progreso no aparece reducido al desarrollo económico ni al avance técnico. La historia avanza cuando el espíritu vence a la materia, cuando la libertad desplaza a la opresión y cuando la conciencia logra imponerse sobre la fuerza.

Por eso la democracia representa mucho más que una forma de organización política. Es la expresión histórica de un orden moral basado en la justicia, la responsabilidad y la libertad.

Su visión reúne elementos característicos del pensamiento del siglo XIX —cristianismo, romanticismo histórico y filosofía del progreso— en una interpretación donde el desarrollo de la humanidad forma parte de un proceso guiado por un sentido moral trascendente.

Juana Manso en las corrientes intelectuales del siglo XIX

Esta interpretación no surge de manera aislada. Juana Manso se inscribe en uno de los grandes horizontes intelectuales del siglo XIX.

Su lectura dialoga con la historiografía romántica francesa —especialmente con Jules Michelet, a quien cita expresamente—, de quien toma la idea de la historia como un proceso de transformación moral de la humanidad. También participa de la filosofía del progreso característica del siglo XIX y comparte con el liberalismo republicano la valoración de la experiencia norteamericana como una realización histórica de la libertad.

Estas ideas también coinciden con preocupaciones presentes en otros intelectuales argentinos de la época, entre ellos Domingo Faustino Sarmiento, con quien comparte la convicción de que la educación era un elemento indispensable para la construcción de la república.

Otro elemento decisivo es la importancia que Juana Manso concede a la Reforma protestante. Como muchos pensadores liberales del siglo XIX, interpreta que la libertad de conciencia constituye una condición indispensable para el desarrollo de la libertad política. De allí la importancia que atribuye a la Reforma, al considerarla un momento decisivo en el despertar de la conciencia y en el desarrollo histórico de la libertad.

Conciencia, educación y vida republicana

La educación ocupa un lugar central en este razonamiento porque no se limita a transmitir conocimientos. Su función es formar personas capaces de ejercer responsablemente la libertad.

La conferencia insiste en que el desarrollo de la república depende de la formación del carácter y de la conciencia. Juana Manso afirma que «el carácter es más que la ciencia; es necesario ser puro para ser fuerte, creer en la inmortalidad para ser bueno, tener confianza en sí mismo, sentirse responsable de sus actos para ser justo.»

Desde esta perspectiva, la escuela adquiere un significado mucho más profundo que el de una institución destinada a impartir instrucción. Es el lugar donde se forman ciudadanos capaces de sostener la vida democrática.

No resulta casual que concluya afirmando que «la educación, la escuela común, personificación de la patria, ha hecho efectivo y practicable la república», y que «todas las maravillas que deleitan en los Estados Unidos tienen su origen en la educación.»

Otro aspecto significativo de la conferencia es la dimensión moral y religiosa que atraviesa toda su reflexión. Juana Manso critica con dureza la alianza entre el poder monárquico y las instituciones eclesiásticas durante la Europa medieval. Sin embargo, esa crítica convive con una profunda valoración del cristianismo, entendido no como una estructura de poder, sino como fundamento de un orden moral basado en la libertad de conciencia, la dignidad de la persona y la responsabilidad individual. Desde esa perspectiva, el progreso de la humanidad no depende únicamente del desarrollo político o material, sino también del crecimiento ético y espiritual de las personas y de los pueblos.

En esa valoración del desarrollo interior de la persona resulta significativa la referencia a Ralph Waldo Emerson. Al citar su afirmación de que «el hombre es una planta endógena que crece del interior al exterior», refuerza una idea que atraviesa toda la conferencia: el progreso de las sociedades depende, en última instancia, del crecimiento moral de las personas.

Más que un elogio de los Estados Unidos

La conferencia termina donde menos lo espera el lector.

Aunque toma como eje la experiencia norteamericana, su horizonte final es mucho más amplio. El verdadero propósito de Juana Manso no consiste en admirar un país extranjero, sino en reflexionar sobre el futuro político y cultural de América del Sur.

En las últimas páginas propone superar los particularismos nacionales para pensar una comunidad política fundada en la educación, la libertad y la justicia. Su aspiración queda sintetizada cuando imagina que, en lugar de argentinos, orientales, paraguayos o chilenos, los habitantes del continente puedan ser «simplemente americanos del Sud», y expresa su esperanza de que Buenos Aires llegue a ser «el primer Apóstol también de la Unidad Nacional de Sud América.»

La conferencia concluye así proyectando hacia el futuro una reflexión que había comenzado con la historia de los Estados Unidos y que termina proponiendo un ideal de integración americana sostenido por la educación, la vida republicana y la formación moral de sus ciudadanos.

Una invitación a volver a leer a Juana Manso

Leída desde el presente, esta conferencia permite recuperar una dimensión de Juana Manso que durante mucho tiempo quedó en un segundo plano. Más que una educadora o una reformadora social, aparece aquí como una intelectual que reflexiona sobre la historia, la democracia, la educación, la religión y el destino de América como partes de un mismo problema.

Su interés por los Estados Unidos no responde únicamente a la admiración por una experiencia política exitosa, sino a la búsqueda de las condiciones éticas, culturales y espirituales que hacen posible una auténtica vida republicana.

En ese sentido, esta Lectura Pública constituye una de las expresiones más completas de su pensamiento y una invitación a volver a leer una obra que todavía tiene mucho para decir sobre la relación entre educación, libertad, conciencia y democracia.

María De Giorgio

Conferencia sobre la Historia de los Estados Unidos
Texto reproducido en

Marinela Pionetti, «Juana Manso, conferencista en la ciudad. Primera lectura sobre la Historia de los Estados Unidos en la Escuela Normal de Buenos Aires”, Cuarenta Naipes. Revista de Cultura y Literatura, Año 7, Nº 13. LEER

Te gusto:

Últimas entradas

Categorías

Etiquetas

Últimos Artículos