En 1870 Juana Manso visita por primera vez una Escuela Dominical de la comunidad evangélica de Buenos Aires. Fascinada por su organización, describe las clases, los métodos de enseñanza y el clima de respeto y afecto hacia la infancia. A partir de esa experiencia reflexiona sobre la educación moral, el papel de la familia y la formación del carácter desde los primeros años de vida.
Escuelas Dominicales de la Comunidad Americana
Invitada a una función de premios en la Escuela Dominical Americana, he tenido ocasión de observar más de cerca el significado de esas escuelas irrealizables todavía en nuestro país, a pesar de haberse de creado cuatro a principios de este año, sin que nadie tenga una idea cabal de lo que ellas significan.
Voy a describir lo que he visto con la impresión que me ha producido.
Acompañada de la persona que había venido por mí, llegamos a la Iglesia Evangélica a las once de la mañana, y poco después comenzó el oficio del Domingo como se usa en estas congregaciones, por un canto religioso, seguido de la plática del pastor.
En seguida llegó el momento de traer el estandarte de las escuelas, leerse el movimiento de las mismas, y en suma toda la parte relativa a la estadística.
Después un anciano fue a orar por aquellos inocentes niños que un día no muy lejano serían los hombres y las mujeres que por la familia continuarían la sociedad. El silencio más profundo reinaba en los circunstantes y el recogimiento más austero en todos los rostros.
El Superintendente Dr. Clap, Cónsul de los Estados Unidos, tomó la palabra. El Sr. Clap, es un hombre de mediana estatura, mas bien bajo, de maneras insinuantes, de rostro bondadoso y simpático, con una voz sonora y dulce cuyas inflexiones él modula con maestría penetrando hondamente sus nobles ideas en la mente, y despertando, tiernas emociones en el corazón. Es el orador más notable que he oído con el Dr. Rawson y el Sr. Sarmiento. La naturalidad de la entonación, la pureza de su dicción y la facilidad con que se expresa, me impresionaron muy agradablemente. El Dr. Clap habló a los maestros y a las maestras encareciéndoles la necesidad de fundir el carácter de sus alumnos, para la integridad que es en sí misma la base de toda virtud, de la moral, y de la verdad. Habló a los niños con aquella suave persuasión que conquista los corazones, y cada una de sus palabras, era para mi propio corazón ulcerado por tantas injusticias, como la lluvia benéfica para la planta marchitada por los cierzos y dureza del terreno. Más de una lágrima me arrancó el sentido discurso del Dr. Clap, máxime cuando comparaba la suerte de nuestros pobres niños, abandonados por la sociedad u obligados a oír todo, menos la palabra de Dios!
Otro anciano volvió a orar, y el Pastor Dr. Jackson tomó la palabra, siempre aproando las almas para aquel faro de la humanidad; Dios!!!
Otro Superintendente de las Escuelas Dominicales, habló también, con ese lenguaje exclusivo de la raza anglo-sajona; y después de los premios y del Padre nuestro el Pastor bendijo la comunidad y esta se desparramó dirigiéndose cada cual a su home particular.
El canto había interpolado todos aquellos discursos y el tiempo había pasado insensiblemente. Al domingo siguiente no falté, estudiando los procesos de aquellas escuelas.
Como el domingo anterior la comunidad asiste al oficio y todos los niños aun los más pequeños guardan silencio y respeto. Terminado el oficio la escuela infantil pasa a una sala del edificio interior y los niños y niñas mayores quedan en la Iglesia donde los ejercicios y discursos son interpolados con cantos religiosos.
La edad de los alumnos es consultada para la enseñanza religiosa, amenizada por aquellas lecturas que preparan la mente a pensar y el corazón a los sentimientos de caridad y benevolencia. En la Escuela Infantil por ejemplo después de la lección del Padre nuestro y canto religioso, la maestra dice: pensando en Vds. he traído un cuentecito que les agradará; y es la historia de un aldeano que tenía un caballo que lo ayudaba a vivir y al que este hombre castigaba todo el día. Los niños hacen un movimiento de disgusto y ella les pregunta: « qué les parece, ¿hacia bien aquel hombre en castigar su pobre caballo?
Los niños: ¡oh no! pobre caballo!
Ella: -Es verdad, pobre animal! Los animales domésticos son amigos del hombre. ¿Saben Vds. cuáles son los animales domésticos?
Los niños: -El caballo, el perro, el gato, las gallinas, la vaca, etc.
La maestra: -¿Y es bien hecho pegarles?
Niños:-No.
La maestra: -¿ Por qué‘?
Niños:-Porque son animales.
La maestra: -Si, por eso, porque los animales no pueden hablar, ni quejarse, es menester más paciencia con ellos. Ellos son de carne y hueso como nosotros. En Londres…¿Saben Vds. lo que es Londres?
Niños: -Si, una ciudad muy grande.
La Maestra: -Bien, allí hay una sociedad para la protección de los animales, así como en los Estados también existen esas sociedades. ¿Qué quiere decir una sociedad para la protección de los animales?
Niños: -No dejarles pegar.
Maestra-Eso es porque los animales pueden ser enseñados y dirigidos sin necesidad de pegarles.
Si esto no es trabajar para Dios, por la civilización de las costumbres; si esto no es abrir el corazón tierno de la infancia a la piedad; si esto no es hacer de la caridad un sentimiento práctico y profundo; entonces ¿cómo se hace mejor? O como se puede cristianizar la humanidad sino desde esta tierna edad, ¿de esta manera?
Las lluvias han obstado a que mi asistencia no sea efectiva para estudiar la Escuela Dominical en todos sus desenvolvimientos.
Juana Manso. Anales de Educación Común IX. 1870


