A través de esta crónica de la inauguración de la Escuela de Artes y Oficios de Palermo podemos comprender mejor a Juana Manso: sentir su entusiasmo ante una obra educativa, su sensibilidad para mirar los espacios y hasta la luz de los vitrales, que predispone “el espíritu á la concentración y el corazón á la ternura”.
Y también su mirada crítica: señala la ausencia de las autoridades y de personas “aristocráticas”, aunque no deja de mencionar con nombre a quienes sí acompañaron la iniciativa. Reclama apoyo para la hermosa escuela, nacida de la iniciativa de un particular, el ingeniero español Francisco Febrés de Rovira, destinada a una educación práctica que ofreciera oportunidades a niños y jóvenes que difícilmente las encontraban en otros espacios. Solicita especialmente que se suprima el alquiler que la Municipalidad de Belgrano cobraba por el edificio y que se subvencione la institución. Propone además iniciar una biblioteca por donativos y convoca a colaborar.
El discurso que pronuncia en la inauguración provocó luego una polémica en la prensa, a la que Juana responde públicamente.
[Leer artículo en La Tribuna, 1865]
Dos años más tarde volvería a escribir sobre la escuela en los Anales de la Educación Común, cuando aquella obra que tanto había admirado se encontraba nuevamente en ruinas.
[Leer “Artes y Oficios”, 1867]
A continuación, su crónica de aquella inauguración.
Inauguracion de la Escuela de Artes, Oficios y Agronomia en Palermo
( Artículo – Comunicado)
A las diez de la mañana del Domingo 15 de Enero, un inmenso gentío donde pocos rostros aristocráticos aparecían, llenaba los corredores del antiguo alcázar de Rosas; en cambio vimos multitud de españoles negociantes, viejos patriotas porteños, y mucho pueblo del que más necesita aprender.
El edificio embanderado, estaba á la expectación del público.
El señor Febrés de Rovira ha utilizado todo, las habitaciones y los corredores; pero reina tal órden, tanto gusto, está hecho todo con tal esmero é intelijencia, que nos hemos creído trasportada á la tierra de Lincoln.
No sabemos á qué pieza dar la preferencia; el salon de visitas es hermoso y elegante; la sala de Matemáticas parece hecha para inspirar el sentimiento de dignidad que acompaña al profesorado.
Las clases primarias son espaciosas y cómodas.
El salon de pinturas inspira el deseo de hacerse artista; el comedor con su mesa blanca, su bien provisto bufete con rica porcelana y finos cubiertos de composición, es servida por un pequeño riel que parte de una limpísima cocina.
El dormitorio circular, tiene en medio la pieza de los ayudantes, es vijilada por un sereno y hay luz en él toda la noche. Tiene un gran lavatorio, un espejo corrido, y es notable el aseo de sus camas.
La cátedra de declamación tiene un precioso teatro en miniatura, y corren paralelas una sala de esgrima y otra de armas á fuego.
Una elegante capilla, con su coro y órgano, ya ostenta el trabajo de los aprendices de la escuela del Rosario, el altar mayor, dibujado por el ingeniero señor Robira, ha sido ejecutado por esos niños.
Las ventanas provistas de vidrios de colores, roban á la luz su vigor, y arrojando esa media tinta misteriosa que predispone el espíritu á la concentración y el corazón á la ternura, le dá á la modesta capilla de Palermo, ese algo religioso y poético que también se combina con el recogimiento que inspira el templo.
Todas las piezas tienen sus letreros que indican el uso á que están destinadas; hay trofeos de labranza en los corredores, pero faltan algunas clases, creo que las de Física y Química que no podrán montarse hasta no llegar de Europa instrumentos que se han encargado.
Gusto y ciencia han presidido á los trabajos de la Escuela de Artes y Oficios, y el Sr. Robira que ya realizó la del Rosario, se prepara á crear en cada provincia una Escuela de Artes y Oficios; en nuestra humilde opinión la necesidad más apremiante del país son casas de este género.
Pero hablemos de la fiesta inaugural: ella dió principio por un solemne Te Deum; en seguida se pasó á la bendición del edificio y por fin al acto de la inauguración en el salon de declamación.
Inmenso gentío llenaba aquel local, tanto de damas como de caballeros. El Sr. Robira leyó el discurso inaugural que corre impreso en folleto con el programa de estudios del establecimiento. El Sr. Robira no es solo un hombre práctico sino muy instruido.
En seguida, leí yo algunas palabras que había escrito esa madrugada misma, después tomó la palabra el Dr. D. José M. Torres, y en una breve y fácil improvisación, tocó las dificultades con que luchamos, es decir, ese empeño de gobernar al país con teorías, esa distracción de la pública simpatía para los progresos efectivos mientras se espande inútilmente en efervescencia política.
El Sr. Torres se expresó con elegancia y mas que todo con un buen sentido que abona su capacidad intelectual.
Los Sres. Coronel Diaz y D. Julio Nuñez tomaron también la palabra; el primero extrañando la ausencia de ambos gobiernos ó de alguien que los representase; y poniendo la Escuela de Artes y oficios bajo la protección pública. El otro, el Sr. Nuñez, prometió la cooperación de la prensa.
Yo volví á tomar la palabra suscribiéndome para iniciar una Biblioteca por donativos: los diarios publicarán los nombres de los donantes y las obras que remitan. Mi casa puede servir de depósito en la calle de Independencia, 307.
Mientras los ricos no se deciden á aflojar del todo los cordones de la bolsa, demos los pobres lo que se pueda; pero lo esencial es formar una biblioteca en Palermo para la Escuela de Artes. Pido su cooperación á todos los que aman el progreso de este país, nacionales y extranjeros.
Continuemos nuestra interrumpida narración.
En seguida del acto de la inauguración, las señoras fueron conducidas á una sala, donde estaba preparada una espléndida mesa de exquisitos dulces, vinos, frutas y demás refrescos y que fué servida con una profusión y galantería que hacen honor á los Directores. Cuando salimos de Palermo, numeroso concurso circulaba allí.
Entre las personas conocidas del país; alcanzamos á ver al Sr. Dr. D. Gabriel Fuentes, Consejero de la Instrucción Pública; el Sr. Dr. D. Francisco Pico, el Dr. D. Juan José Alsina, camarista, el inteligente Sr. Cantilo, y porción de jóvenes, paisanos y militares que concurrieron al acto.
El Sr. Presidente Mitre previno por un billete á la dirección que sería imposible asistir al acto, lo que de nuestra parte lamentamos mucho porque es un obrero infatigable de la civilización, y esperamos que por la Escuela de Artes de Palermo, hará otro tanto que por la del Rosario.
Aunque nadie del Gobierno Provincial asistió, no dudamos que por su parte no desatenderá la Escuela de Palermo; tenemos fé en el Dr. Cárdenas, él ama la Instrucción y comprende su importancia.
Lo que es necesario es que la Escuela de Artes no pague alquiler: esos tres mil pesos que se le han impuesto de arrendamiento deben suprimirse, es un borrón para la Municipalidad de Belgrano cobrar alquiler cuando debía subvencionar ese establecimiento que hace honor al Municipio.
¡Adelante, adelante! que se subvencione la Escuela de Artes, que donativos populares formen su biblioteca.
La República necesita sobre todas cosas Escuelas Mecánicas, y casas de Refugio.
No terminaré sin agradecer al Sr. Robira la manera delicada con que me ha tratado, las distinciones que me ha prodigado, así como á los demás profesores del establecimiento.
Juana Manso.
La Tribuna, 20 de enero de 1865 N° 3305. Ver Original


