La amiga de Sarmiento

Tumba de Juana Manso en el Cementerio de Disidentes, Caras y Caretas 1915

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Esta nota de Rafael Barreda, publicada en Caras y Caretas en 1915, recupera la imagen de la tumba de Juana Manso en el Cementerio de Disidentes.

El texto da cuenta de su vínculo con Domingo Faustino Sarmiento, de su papel en la transformación de la enseñanza, y también del abandono en que murió y del silencio que rodeó su memoria durante años. En ese mismo año, ante el cierre del cementerio —y la posibilidad de una fosa común—, sus restos fueron trasladados al Panteón del Magisterio en el cementerio de la Chacarita.

La amiga de Sarmiento

Hablaba con un distinguido educacionista, -cuyo nombre me está vedado dar,- recordando como entre col y col, la enseñanza de otros tiempos; de aquellos tiempos en la que la más completa anarquía se enseñoreaba de las escuelas comunes, bajo la dirección de la Sociedad de Beneficencia, municipalidad, departamento de… –

¡Dígamelo usted a mí, -le repuse, -que cuando se nombraron los primeros Consejos Escolares se me hizo inspector de uno de ellos y tuve ocasión de “palpar”,  como quien dice, el atraso e ignorancia en que se encontraban…! Qué maestros y, especialmente, qué maestras! … salvo honrosas excepciones.

– Y eso que ya entonces Sarmiento, el gran Sarmiento, que acababa de dejar la presidencia de la República o de la Nación, como decía Roque Sáenz Peña, -y dice la Constitución que nos rige… – entró a dirigirlas… Permitiendo o haciendo las de Pilatos cuando los señores ediles, a pedido de aquellas maestras, destituyeron a la más adelantada de nuestras educacionistas; a aquella que en tantas ocasiones le demostrara su admiración de amiga sincera y bien podría parangonársele…,

– ¿ Se refiere usted?

-A Juana Manso de Noronha, cuyas teorías como los sofismas de que nos habla Laboulaye, se encuentran hoy generalizados en la práctica. La presentación de los universales principios del inmortal Pestalozzi, base de toda enseñanza, le valió a Juana Manso diatribas de todo género, y aquel grupo de pobres mujeres dedicadas al profesorado como por obra de la casualidad que no la comprendían, la acusaron de inmoralidad. “Perdónalas, Señor, no saben lo que hacen”. Fue su única defensa.

– Cierto, fue destituida y murió poco después en el más completo abandono. Añadiré a usted que cuando ya nadie recordaba su memoria supe, por casualidad, dónde se hallaban sus restos. Con motivo de una nota histórica para Caras y Caretas, me trasladé al cementerio de Disidentes, hoy clausurado, de la calle Victoria y Pasco.

La encargada de aquel sagrado lugar, tuvo la deferencia de indicarme el sepulcro donde lo guardan; ni una lápida, ni una inscripción, nada, absolutamente nada, le dice al viandante que allí reposan las cenizas de aquella genial mujer, educacionista por vocación, escritora amena e instructiva, y publicista que con su precursor talento, revolucionara el sistema rutinario de la educación común; la que fue única mujer que formara parte del Consejo de Instrucción Pública, formulando la base de nuestras escuelas graduadas; la que fue fundadora en pueblos apartados de bibliotecas públicas con sus propios libros, como acontece con la de Chivilcoy, que ni siquiera ostenta su retrato; la que fue redactora de los Anales de la Educación Común, durante diez años, y al saberlo su fundador, Sarmiento, el gran Sarmiento, le escribiera desde Nueva York, el 20 de noviembre de 1865:

“Mucho he celebrado el restablecimiento de los “Anales de la Educación” y la cooperación de los ministros Costa y Rawson (del presidente Mitre) le han prestado. Más todavía, que sea usted el redactor de esos verdaderos Anales. Es este un gran acontecimiento. La República Argentina es el único estado de América donde una mujer ha sido llamada a desempeñar tan alta misión en la prensa. La Francia tiene su Jorge Sand, la España su Avellaneda, Chile su Solar, en Bolivia está la Gorriti, y nosotros la tenemos a usted”.

Si, mi amigo, esa es la mujer, la educacionista, la publicita cuyos restos se guardan en tan modesta tumba, regada con flores por la sola mano de la sepulturera. Hice que la fotografiaran y conservo la copia para darla con su retrato, muy escaso, a la publicidad, en ocasión acertada.-

Pues ninguna más propicia que el 25 de abril, fecha que se cumple la cuarentena de la muerte de aquella mujer cuyo trasunto moral y aún físico podría resumirse en una frase: – vera efigie de Sarmiento, del gran Sarmiento, en su talento genial y en lo batalladora

Rafael Barreda

La amiga de Sarmiento, Caras y Caretas, N°864, A. XVIII- 24 de abril de 1915.

La nota consigna el 25 de abril de 1895, como fecha de fallecimiento; sin embargo, Juana Manso murió el 24 de abril de 1875.

Nota completa publicada en Caras y Caretas, 1915.

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