Juana Manso y Janusz Korczak – La dignidad del niño

Juana Manso y Janusz Korczak – La dignidad del niño

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“Es cierto que el maestro debe esforzarse en inculcar a sus alumnos la idea del gobierno propio, es decir de enseñarle que cada hombre está creado para ser su propio dueño y gobernarse por las leyes del deber y de la razón… Para esto, el maestro debe ser muy escrupuloso en no atropellar jamás el derecho del niño… De aquí vendrá la costumbre de respetarse a sí mismo y a los demás.”
Juana Manso

Juana Manso y Janusz Korczak comparten una visión profunda de la infancia y un compromiso singular con la vida de los niños.

Korczak llevó esta convicción hasta sus últimas consecuencias. Cuando en 1942 los niños de su orfanato fueron deportados al campo de exterminio de Treblinka, se le ofreció la posibilidad de salvarse. Rechazó ese privilegio y decidió permanecer junto a ellos, acompañándolos hasta el final.

Juana Manso no enfrentó una tragedia semejante, pero también conoció la soledad de quien se adelanta a su tiempo. Durante años sostuvo sus ideas sobre la educación, la igualdad y la dignidad de las mujeres y de los niños en medio de burlas, ataques y descalificaciones. Tras su muerte, su figura quedó durante mucho tiempo relegada, casi borrada de la memoria educativa del país, una deuda que todavía hoy comienza lentamente a saldarse.

En ambos casos aparece una misma enseñanza: la educación no es solo una técnica ni una profesión. Es, ante todo, una ética. Una manera de situarse frente a la infancia y de reconocer en cada niño no un ser incompleto, sino una persona que merece respeto, cuidado y justicia.

Separados por el tiempo y la geografía —ella en la América del siglo XIX, él en la Europa de la primera mitad del siglo XX— ambos coincidieron en una idea fundamental: el niño no es un ser incompleto ni un simple adulto en formación, sino una persona que merece dignidad y comprensión. Desde esta perspectiva ordenan su pensamiento.

Como escribió Korczak:

“El niño no es el hombre del mañana, es el hombre de hoy.”                       

      — Janusz Korczak

Los niños suelen padecer la ignorancia y los abusos de autoridad de adultos que no comprenden la niñez, ni advierten los daños y consecuencias que su violencia o su indiferencia hacia los niños producen en la sociedad en su conjunto.

De allí nace una exigencia para el educador: acercarse, observar, escuchar, conocer, comprender, aliviar y valorar al niño en su singularidad. Brindarle las herramientas necesarias para que pueda desarrollarse, formar su carácter, pensar por sí mismo y crecer en libertad, sin violentar su naturaleza.

Escribió Korczak:

“El educador no debe descender hacia el niño, sino elevarse hacia él, hacia su modo de ver y concebir las cosas.”

— Janusz Korczak

 

El amor por la infancia

En ambos educadores esta comprensión del niño se funda, ante todo, en una actitud esencial: el amor.

No se trata de un sentimiento sentimental o indulgente, sino de una disposición profunda a reconocer al niño como persona, a respetar su mundo interior y a acompañar su crecimiento con atención y responsabilidad. Educar exige paciencia, cercanía y un verdadero interés por comprender al niño en su individualidad.

 

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