Artículo publicado en Jornal das Senhoras, Río de Janeiro, 25 de janeiro de 1852.
Este periódico, dirigido al público femenino, fue fundado por la propia Juana Manso como un espacio de intervención intelectual, reflexión social y difusión de ideas sobre la educación y la condición de la mujer. Desde sus páginas sostuvo debates, respondió a críticas y desarrolló con firmeza su pensamiento.
La “Declaración sobre mis ideas acerca de la emancipación moral de la mujer” es uno de los textos más claros y programáticos que escribió sobre el tema. En él expone de manera directa, ordenada y argumentativa qué entiende —y qué no entiende— por emancipación femenina, fijando con precisión su posición en medio de las controversias de su tiempo.
Se trata, por lo tanto, de un texto fundamentalmente declarativo: una afirmación pública de principios.
Pero leído hoy, el texto revela algo más profundo: una notable lucidez para advertir tensiones que marcarían, décadas después, los debates en torno a los derechos de las mujeres. Juana Manso percibe con claridad los riesgos de las simplificaciones, las caricaturas del cambio social y las resistencias que toda transformación genera. Al mismo tiempo, sitúa el núcleo de la emancipación en un terreno que sigue siendo decisivo: la formación moral, la educación de la inteligencia y la dignidad interior como condición de toda libertad posible.
Esa mirada —serena, argumentativa, profundamente reflexiva— no siempre encuentra un lugar cómodo en los marcos interpretativos actuales, que tienden a leer el siglo XIX desde categorías posteriores. Sin embargo, justamente por su complejidad y por su negativa a reducir la emancipación a fórmulas inmediatas, este texto permite comprender con mayor profundidad el horizonte intelectual en el que comenzaron a pensarse las transformaciones de la condición femenina en América Latina.
La versión que aquí se ofrece es una traducción del portugués original, realizada procurando conservar la claridad, el tono afirmativo y la intensidad con que Juana Manso se dirige a sus lectoras.
DECLARACIÓN
SOBRE MIS IDEAS ACERCA DE LA EMANCIPACIÓN MORAL DE LA MUJER
¡Mi palabra, mi obra, queridas lectoras!
Los artículos sobre la emancipación moral de la mujer han sido acogidos con inquieta curiosidad y condenados incluso antes de ser leídos.
— Hay mucha gente así en este mundo — ante la aparición de toda doctrina nueva se rebelan contra ella por instinto; no la conocen, no la profundizan, y sin más ceremonia la fulminan.
Les aseguro que ya tengo miedo de hablar! y por eso verán quÉ declaración formal, estruendosa voy a hacer de mis principios; de lo contrario son capaces de suponer que quiero el fin del mundo, la realización de un mundo al revés… y quién sabe qué más… Nada: urge desengañar al mundo de que yo no quiero de modo alguno contrariar la naturaleza; me he esforzado toda mi vida en adivinar el pensamiento del Creador y cumplir lo que Él me enseña.
No entiendo por emancipación moral de la mujer sustraerla a la protección del hombre; siempre que esa protección tenga por base la amistad, será justa. Pero no entiendo, por protección un dominio brutal.
No entiendo por emancipación moral de la mujer la suspensión de la obra de las generaciones; querer esto sería querer entronizar los vicios más degradantes de la humanidad.
No entiendo por emancipación moral de la mujer sustraerla a su misión marcada por el Creador: la madre y la esposa.
— Ni quiero tampoco que la mujer sea soldado.
— Ni empleada pública.
— Ni oficial de marina.
— Ni Ministro de Estado.
— Ni doctora graduada en leyes.
Aunque debe conocer las de su propio país, porque ha de educar a sus hijos en el espíritu de la ley.
Ni quiero que se gradúe en Medicina; aunque debe conocer la medicina doméstica, porque la madre de familia hace de hermana de caridad junto a su esposo, a sus hijos y a sus domésticos cuando están enfermos.
Nadie mejor que una madre debe conocer el temperamento y las inclinaciones de sus hijos. Ella, de quien nacieron; ella, que los cría en su seno, que los ama desde pequeñitos y que les adivina hasta el pensamiento.
No entiendo por emancipación moral de la mujer que abandone el hogar doméstico y marche a la campaña mientras el marido se queda en casa en la cocina.
No quiero en la mujer el espíritu fuerte y heroico de las espartanas.
La emancipación moral de la mujer, en mi limitado entender, es:
— Su ilustración.
No entiendo por ilustración habilidades fútiles. La ilustración en la mujer se debe entender en primer lugar como: — — Una religión.
Entendemos que la religión es el verdadero conocimiento de nuestros deberes para con Dios, fundados en el amor y en la caridad hacia nuestros hermanos.
— El verdadero conocimiento de los deberes que cada criatura tiene para consigo misma, y las subdivisiones de esos deberes en la mujer:
— Como hija.
— Como esposa.
— Como madre.
— Como ser formado para la obra inmensa del progreso social.
Una vez hecho esto, debe estudiar el organismo del Universo —no científicamente— sino poética y religiosamente; enseñársele la Geografía no de memoria, sino prácticamente; algo de matemática; conocer la historia, no como los loros que repiten “loro real”; ligeras nociones de Literatura, cuanto baste para sacarla del sistema automático.
Y, en fin, aplicar en la enseñanza de los colegios métodos enciclopédicos que, sin profundizar las materias, adornen el espíritu y den un toque especial de ilustración.
Quiero que la mujer sepa que ser esposa no quiere decir simplemente casarse.
Quiero que estudie cuidadosamente toda la sublime abnegación que encierran estos nombres:
— Hija, Esposa y Madre.
Quiero que, una vez persuadida de su misión, de sus deberes y de sus derechos, sienta nacer en su corazón esa bella dignidad, ese santo y noble orgullo del ser que en el fondo de sí misma encuentra el Yo impenetrable, donde nunca llegan otros ojos que los de Dios… y a veces los de una madre.
El libre albedrío es un hecho metafísico que, aun siéndolo, existe lógico e irrecusable, como una cifra aritmética.
Como existe la conciencia, como existe el Yo — porque pensamos y existimos — la emancipación moral de la mujer es, pues, dejar de ser:
— Cosa, para ser:
— Mujer tal como el Creador la formó.
Con una organización sensible, nerviosa y delicada, que la educación puede fortalecer con una inteligencia clara y perfecta, la cual, conteniendo en sí todas las misteriosas fuerzas de la organización del alma, es susceptible del estudio de sí misma y del estudio en general de las maravillas de la creación, o de las que el hombre inventó o reveló a la humanidad inspirada por Dios.
Mujer tal como el Creador la formó.
Débil y frágil como la humanidad entera; porque la humanidad no es el hombre solo, ni la mujer sola; mujer cultivando su inteligencia, porque ese es el destino de toda potencia intelectual.
Mujer que pueda, en el conocimiento exacto de sus deberes, encontrar la fuerza moral que la preserve en la ocasión de someterse a infames humillaciones.
Mujer que pueda encontrar en su educación un recurso honesto contra la opresión, contra la crápula y contra la miseria.
Jornal das Senhoras, DOMINGO 25 DE JANEIRO DE 1852.


