1819 - 1844

Infancia y familia 

Juana Paula Manso nació el 26 de junio de 1819 en Buenos Aires, en el barrio de Monserrat, cuna de la patria.

Su bautizo fue registrado en el Libro de Bautismos de la Parroquia de Nuestra Señora de Monserrat. El acta describe: “En treinta de junio de mil ochocientos diez y nueve, el Pbro. D. Apolinario Cano, bautizó solemnemente a una niña nacida el día 26 del mismo mes, llamada Juana Paula, hija de Dn. José Ma. Manso y Da. Teodora Cuenca, con padrinos D. Francisco Cascallares y Doña Isidora Piñeyro”.

Su padre, José María Manso, español nacido en Málaga, llega a Buenos Aires en 1799. Ingeniero y agrimensor, desarrolla su profesión a ambos lados del Plata. De pensamiento liberal, adhiere a la Revolución de Mayo. Cercano a Bernardino Rivadavia, trabaja activamente en su gobierno y promueve iniciativas vinculadas con la educación y las ciencias. En Montevideo, fomenta la creación de una academia de ciencias y se destaca como profesor de matemáticas.

Su madre, Teodora Cuenca, era porteña de ascendencia hispana.

Su tío, Luciano Cuenca, fue un militar independentista que se destacó en las Invasiones Inglesas, en las luchas por la Independencia y las campañas de Belgrano y San Martín.

Su infancia transcurre en un contexto social y político convulsionado, marcado por guerras civiles, asesinatos políticos y el ascenso al poder de Juan Manuel de Rosas.

En su hogar, Juana recibe una formación esmerada. Su padre es su mentor. Desde temprana edad, se destaca por su inteligencia y curiosidad. A los seis años, aprende sola a leer y rápidamente encuentra en los libros una fuente inagotable de placer.

Víctor Mercante reflexiona:

Cuando solamente los ricos sabían leer y las familias cuidaban celosamente de ocultar el alfabeto a las niñas para evitar que más adelante “se entendieran con los novios” ¿Cómo consiguió esta niña aprender tanto y tan bien; cómo obtuvo lo que costó conseguir a la nobilísima Pardo Bazán: que el concurso de su mente sana, serena y cultivada fuese solicitada desde las altas esferas del gobierno para dirigir y orientar la enseñanza común?

El padre la inscribe en la Escuela de Monserrat, recientemente creada por la Sociedad de Damas de Beneficencia y que, en 1824, se convierte en la primera escuela para la formación de maestras de Buenos Aires.

Juana se aburre con la rutina escolar. El ambiente rígido, los castigos, la repetición y el estudio de memoria son incompatibles con su personalidad inquieta y ávida de conocimiento. Lee a la perfección, pero es aplazada al no poder memorizar el alfabeto. La cartilla, las lecturas escolares poco atractivas y las quejas permanentes a su padre lo llevan a solicitar a la escuela otras lecturas para su hija.

En la carta dirigida a Sarmiento en 1868 relata:

Aprendí a leer por mi misma preguntando una letra y otra, combinando los sonidos y empecé a leer a los seis años de edad. (…) Muy pequeña ejerciteme en ese arte, mi única y sola diversión de la infancia, puesto que las demás me aburrían (…)  La lectura es un arte precioso

…en la escuela, donde me sujetaban al aprendizaje sistemado del alfabeto, no pasaba del “Cristo”, porque no podía comprender su valor alfabético y como ‘empacaba’ allí, no iba adelante.

 … Despues de leer en mi casa Anastacia ó la Recompensa de la hospitalidad, Alejo ó la Casita en los bosques, Luisa ó la Cabaña, el Quijote, El Solitario, Las Veladas de la Quinta, Tardes de la Granja, Eusebio ó el Cestero de Filadelfia, y que sé yo cuantas mas, acabé recien á duras penas la Cartilla en la Escuela, obteniendo el pase á Caton. No sabía yo lo que era, y cuando me pusieron en la mano aquel libro impreso en papel pambazo con tapas de pergamino, me eché á llorar amargamente, y declaré que no lo quería. Mi buen padre, riendo á banderas desplegadas condescendió, y de acuerdo con la maestra, me dieron las Obligaciones del hombre. Aquí fué otra batalla, lo declaré tonto y estúpido. Nueva condescendencia de mi padre que no quería tiranizarme. Me dieron La Creacion, un librito de la casa de Ackerman, era bien impreso, tenía lindas tapas. Declaré que no me divertía su lectura, y entonces me dieron Isabel ó los desterrados de Siberia. Lo devoré no sin regar sus páginas con frecuentes lágrimas. Véa V., ya queria emociones! En adelante, los Consejos á mi Hija, Cuentos á mi Hija, Accidentes de la Infancia, Fábulas de Samaniego, decidieron de mi vocacion literaria.

Acompaña a su padre a conciertos y tertulias, declama poemas. Así lo refiere en su novela Guerras civiles del Río de la Plata:

«Me gustaba ir al café de la Victoria cuando lo tenía Munilla, y mi padre, porque echase una relación u oda patriótica, me pagaba el codiciado chocolate.»

Muy temprano, descubre su facilidad para las lenguas. Aprende francés y, más tarde, italiano e inglés. Escribe poemas, estudia piano con el maestro Pedro Esnaola y canto en la Academia de Antonio Picazzarri. La música ocupa un lugar importante en su formación y en su sensibilidad, y estará presente de distintas maneras a lo largo de toda su vida.

Acompaña muchas veces a su padre en sus viajes al campo, vinculados con su trabajo como agrimensor. Esos recorridos le permiten conocer de cerca paisajes, costumbres y personajes que más tarde aparecerán en sus escritos.

Crece también en un ambiente atravesado por las discusiones políticas de la época, que despiertan tempranamente su interés por comprender la realidad que la rodea.

En 1827 nace su hermana Isabel.

Los años del exilio y el despertar de una vocación 

En 1829, con la asunción de Juan Manuel de Rosas al poder, comienza para la familia Manso un período de creciente inestabilidad y persecución política. José María Manso, de ideas liberales y cercano a Rivadavia, permanece cada vez más tiempo en Montevideo. Las persecuciones contra los opositores, las intrigas y las arbitrariedades hacen cada vez más difícil la vida de la familia en Buenos Aires. Finalmente, la familia se instala en Montevideo.

Juana hace sus primeras armas en la literatura a los trece años, con la traducción de dos obras. Muchos años después, en una carta dirigida a Sarmiento, recuerda:

Hice mis primeras armas en la literatura con dos traducciones del francés, una á los 13 y otra á los 14 años. Mi padre las hizo imprimir á su costa—eran sus títulos: 1° El Egoismo y la Amistad, 1833—2º Mavrogenia ó la Heroina de la Grecia, 1834. Esta novelita dedicada á la Sociedad de Beneficencia, llevaba al frente una carta original mia en felicitacion del Colegio de Castas, establecido en San Miguel. Ya vé V. que debutaba por la Educacion y me declaraba anti-esclavista y negrófila.

La obra El egoísmo y la amistad o los defectos del orgullo, fue editada en Montevideo, en 1834, en la Imprenta De los Amigos. Firma una Joven argentina,  pero estampa su nombre en la dedicatoria que dirige a las mujeres porteñas:

Vosotras sois, queridas compatriotas, el objeto a quien dedico el débil ensayo de mis estudios; porque fue cerca de vosotras que gusté de esta útil e inocente distracción de la imaginación que al paso que contribuía a formar nuestra razón nos inspira sentimientos tan nobles y generosos. Nací como vosotras, en las riberas del Majestuoso Plata donde mamé con el sustento el amor a la libertad, y como vosotras tengo un corazón que palpita el nombre de Buenos-Aires; aunque ausente del Sol Argentino no puedo olvidar la tierra querida donde nací, donde fui educada, donde la voz de un tierno Padre grabó las máximas de moral, el amor a la Patria! … perdonadme, me he extendido demasiado; pero los recuerdos de la infancia ejercen mucho imperio en nuestro corazón. La pequeña obra literaria que os dedico es, sin duda, bien escasa de mérito; pero me lisonjeo que la recibiréis con indulgencia; cuando sepáis que quien os la dedica, la tradujo a los ocho meses de estudio, y a los catorce años de su edad. Vuestra compatriota.

  Juana Manso

La dedicatoria constituye una evidencia importante para reconstruir el exilio de la familia: en 1834, Juana se encuentra fuera de Buenos Aires y escribe a sus compatriotas desde la distancia. La fecha exacta de la partida de la familia continúa siendo objeto de discusión.

En 1836, publica en Montevideo Mavrogenia o la heroína de Grecia, traducción de la obra de Jean François Ginouvier: Mavrogénie ou l’héroïne de la Grèce, nouvelle historique et contemporaine. Suivie d’une lettre de l’héroïne aux dames parisiennes, editada en París en 1825. Recientes estudios revelan una edición también en Buenos Aires, en el mismo año.

Esta obra la dedica a Doña Pascuala Beláustegui de Arana, consejera de la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires, y en ella se menciona la reciente creación del colegio de castas:

Benemérita Compatriota:

Vuestros nobles esfuerzos por la ilustración de las hijas del Plata, grabando en mi pecho un recuerdo eterno del buen desempeño del destino de Presidenta de la Sociedad de Beneficencia que tan dignamente llenasteis, me han inspirado el deseo de daros un testimonio público de admiración y aprecio dedicándoos la traducción de la presente obrita.

Ella encierra los hechos de una Griega tan ilustre como heróica.

Vuestra educación y principios tal vez no aprueben los de la interesante Modena, y sin embargo, apesar de la notable variedad de vuestros caractéres, os asemejáis.

Mavrogenia ofreció á su patria trofeos y laureles; vos ofrecéis á la nuestra excelentes madres de familias á quienes sin dejar de inspirar un desinteresado patriotismo, enseñáis los límites que nos prescribieron nuestra naturaleza y la sociedad. En fin, la habitante del Peloponeso célebre en la carrera de las virtudes cívicas, será el estímulo de los hombres libres, miéntras vuestro nombre menos público, pero quizas mas querido, se recordará con enternecimiento, tanto por aquellas á quienes la fortuna siempre caprichosa condenó á la miseria, como por esa clase que la ambición de los hombres ha creado y de las que nuestras sábias leyes ha prohibido el tráfico.

Concluyo deseando admitáis indulgente á mi Mavrogenia, y no dudéis del afectuoso respeto con que se firma vuestra S. S. M. B. 

        JUANA MANSO

Siendo apenas una adolescente, Juana comienza a delinear una vocación que atravesará toda su vida: la literatura, la educación y la defensa de la libertad y de los derechos de las mujeres. Sus primeras traducciones y sus dedicatorias muestran ya, a los trece y catorce años, los intereses y las ideas que desarrollará a lo largo de su vida.

Juventud en Montevideo 

En Montevideo, Juana se integra al movimiento de los emigrados, herederos del pensamiento revolucionario de Mayo, que sostienen sus ideas de fraternidad, progreso e igualdad. Así los describe José Mármol en una carta dirigida a Juana Manso en 1842:

La mitad de una generación de héroes de cuyos labios salió el grito de la libertad americana, y cuyos brazos completaron la primera parte en el campo de batalla: toda una generación joven y entusiasta, por completar la obra de sus padres, lejos la una y la otra de su patria, por no inclinar su frente a la reacción del despotismo, trayendo consigo las creencias, las ideas, los deseos, y la fe y los colores que proclamó su patria cuando proclamó su libertad; y pasar su vida compartiendo estos elementos de una revolución inmensa para ahogar con ellos el último aliento de un despotismo inveterado; no porque nada nos deslumbra ni humilla de cuanto vemos en el extranjero; por que existe en nosotros la conciencia de una misión sagrada que debemos cumplir para dejar sin rival la gloria de nuestra patria; como también los recuerdos de su pasado hermoso. 

En Buenos Aires, su casa es confiscada y vendida en una subasta pública.

Juana participa también en acciones vinculadas con la causa de los emigrados. Promueve la creación de una bandera argentina, bordada en secreto por niñas porteñas en su hogar, que llega clandestinamente al general Lavalle y a los expatriados en Montevideo. Años más tarde, en 1858, en Páginas da mocidade: memórias das guerras civis do Rio da Prata de 1838 a 1841, recuerda:

«Todas eramos costureras de la nación, el pago de esos trabajos era la esperanza de volver a la patria y la conciencia del cumplimiento del deber.»

El general Lavalle le envía una carta de agradecimiento, que Juana transcribe en la obra citada. Además, el joven oficial Bartolomé Mitre le dedica unos versos, según refiere Lily Sosa de Newton. Por esta acción patriótica recibe un anónimo y es objeto de habladurías. Mariquita Sánchez relata en su Diario a Esteban Echeverría, 1839-1840:

Esta bandera la inició la joven Juana Manso e invitó por una circular a las damas argentinas a contribuir con sus talentos y sus dineros. Así lo han hecho, y en poco tiempo fue concluida una rica bandera bien bordada en oro, con el sol, nuestro padre. Recibió esta pobre joven, después de mil murmuraciones y habladurías, un anónimo amargo, y pasó aviso a los contribuyentes para que se reunieran en su casa para decidir cómo y a quién debía presentarse. 

Escribe poemas y se sumerge en la lectura de los románticos, corriente que se desarrolla en el Río de la Plata de la mano de Esteban Echeverría, por quien siente una profunda admiración. En 1852, lo evoca en tono jocoso en  O Jornal das Senhoras:

Siempre recuerdo que era una apasionada hasta el frenesí de las poesías de Esteban Echeverría, a quien Alejandro Dumas llamó -Lamartine americano-, ese mozo cuyas rimas dulces y sonoras penetraban como una música melodiosa hasta el fondo de mi corazón, yo lo imaginaba pálido y hermoso, medio hombre y medio arcángel; sobre todo segura de encontrar en él ojos grandes y azules, de mirar profundo y sereno. Ay Desgraciada!  Un día me presentaron a Echeverría. Era moreno, picado de viruelas, feo y tenía ojos pequeños y bizcos. Y con un grito involuntario exclame: Pues este!… es Echeverría! Este-, según la intención de mi voz, era lo mismo que decir- Este monstruo! Fue un dolor mortal el que sentí viendo mi ideal despedazado. En cuanto el pobre mozo se detuvo en mi casa, me guardé mucho de mirarlo por segunda vez. Después cuando hubo desaparecido y en la soledad de mi pensamiento evocaba la imagen del poeta de mis sueños, siempre se interponía el espectro bizco de tenebrosa viruela. Nunca más leí las Rimas de Echeverría. 

Publica sus primeros poemas en El Nacional de Montevideo: La mujer poeta, Recuerdos de la infancia, El Rosario, El ciprés, A la muerte de la Srta. Mercedes Antuña, A la muerte del joven poeta Adolfo Berro, Un preludio de dolor.

El Ateneo de Señoritas

En 1841, Juana abre en dos habitaciones de su casa una escuela para niñas, el Ateneo de Señoritas, ubicada en la calle San Pedro 246. A principios de abril, publica en El Nacional de Montevideo un detallado aviso para presentar la escuela:

«A los Padres de Familia»

Bajo la respetabilidad del nombre de mi señora madre, tengo el honor de anunciar a las madres de familia, que en todo este mes de Abril se abrirá una casa de educación en mi casa, calle de San Pedro N°246. La enseñanza no será común, y las personas que gusten pueden venir a revisar el método arreglado por las mismas bases que el método ensayado en París por varios colegios y pensionatos (el método a que me refiero es el llamado Politecnicográfico) y que en corto tiempo ha mostrado su utilidad por los adelantos de los niños. La escritura es el medio principal para el resto de la enseñanza puesto que en vez de una plana insignificante de palabras incoherentes, las niñas copiarán lecciones que en un principio serán de ciertas cosas al parecer triviales, pero que poco a poco las va habituando a raciocinar y facilitando el estudio de Geografía, Historia Sagrada y profana, y otros conocimientos propios para embellecer el espíritu de las señoritas, y que son el objeto primero del método enciclopédico que es el que anuncio. Siempre he considerado que el conducir la naciente y fácil inteligencia de las criaturas, era una misión grande y laudable, bajo este principio no he trepidado en ofrecer a la juventud mis conocimientos; feliz de mí si logro inspirar la confianza que mis buenos deseos por el adelanto de la juventud, merecen! – La enseñanza general será, después de las nociones ya enunciadas: lectura, aritmética, doctrina cristiana, labores de manos de todas clases y un gran cuidado en las maneras de las señoritas, y lecciones de moral.- Todos los sábados llevarán las niñas a sus casas el trabajo de la semana, para que sus padres juzguen por él, tanto del método que se seguirá como de la aplicación de las niñas; la plana de ese día contendrá máximas morales sacadas del célebre libro de los niños del señor Martínez de la Rosa. Conociendo cuán necesario es el estímulo para el adelanto de la juventud, las niñas obtendrán todos los días puntos buenos o malos según su conducta, y los sábados, habrá revista general de todo cuanto se aprenda y se distinguirá el método por “tarjetas” que señalarán cuál es la clase de adelanto y que se darán también por cierto número de cedulas repartidas en la semana.

Cada tres meses habrá una especie de premios privados, y cada año en el 18 de Julio (Fecha patriótica uruguaya), un examen público. Las niñas no tienen que llevar ni papel ni plumas, pues todo lo da la casa. El precio de las niñas que estén en estado de empezar el método enciclopédico, será de cuatro patacones y el de las que entren a primeras letras será de dos, advirtiendo que la lectura y escritura se empezarán por estas a un tiempo, como igualmente la tabla, la doctrina y la costura. La entrada en verano será por la mañana a las 8 para salir a las 11 y media y a tarde a las tres para salir a las seis. En invierno: por la malsana a las 9 para salir a las 12. En la tarde a las dos para salir a las cinco.

Habrá reglamento para el interior de la escuela cuyo examen harán las madres de familia que se dignen fiarme la educación de sus hijas, por él valorarán el orden que reinará en la escuela y el verdadero interés que tomo por la educación de las niñas. La falta de local me priva por ahora recibir pupilas y me limito a externas y medias pupilas. Si logro mi objeto que es la confianza de las madres creo que el establecimiento se mejorará y tomará la forma de un colegio. A mi cargo estará una clase de gramática castellana y otra del idioma francés. También se enseñará inglés, piano, canto, y dibujo. Estas clases se pagarán aparte, pero sus precios serán muy módicos. Los límites de un prospecto nunca serán suficientes a desarrollar perfectamente un plan tan vasto de educación como el que me propongo y sólo dará una breve idea de él. Pero como ya lo he dicho, las personas que quieran distinguirme con su confianza pueden por ellas mismas examinar lo que hay escrito del método y algunas otras frioleras de las que se enseñarán. Por mi señora madre — Juana Paula Manso.

El proyecto revela una concepción de la educación muy amplia para la época. Juana propone una enseñanza basada en la escritura y en un método enciclopédico, que incorpora geografía, historia, aritmética, lenguas, música, dibujo, labores y educación moral. También establece formas de seguimiento del aprendizaje y prevé exámenes y premios.

Adolfo Van Gelderen, amigo de Juana y autor del Curso de Pedagogía Familiar, recordará en 1875:

«Fue este el primer establecimiento femenil montevideano en que se enseñó geografía y un breve cursillo enciclopédico…los diarios de la época hacen a su fundadora los mayores elogios.»

Al mismo tiempo, Juana continúa desarrollando su vocación literaria. José Mármol y el poeta uruguayo Alejandro Magariños Cervantes alientan su trabajo. Publica en El Nacional A Corrientes vencedora, dedicado a la victoria del general Paz en Caaguzú, y otros poemas en El Constitucional.

Continúa estudiando lenguas. En 1869 recuerda en su artículo Elías O’Donell sus esfuerzos por aprender inglés junto a Elías:

«En esa época en mi tenaz propósito de aprender el inglés, Elias quiso estudiarlo tambien y pagabamos el maestro á escote entre los dos. Pobre Mr. D!… era tuerto y solíamos olvidar la seriedad del acto, porque los pocos años se dejaban tentar por la risa.» -artículo Elías O’Donell en la Revista Argentina, 1869.

En 1841 se presenta al Certamen Poético dedicado a la Revolución de Mayo, celebrado en Montevideo en el marco de los festejos del 25 de Mayo. Su poema Lamentos de la República Argentina, bajo la forma de una mujer,será publicado posteriormente como anónimo, entre las obras del certamen, junto con poemas de Rivera Indarte, Acuña de Figueroa, Cantilo y Magariños Cervantes. 

Años más tarde, al recordar aquellos años, Juana escribe en el diario a su hija:

«La casualidad me hizo nacer entre esa clase escogida de la sociedad y más tarde mi aplicación e inteligencia natural me conquistaron el primer lugar entre las jóvenes argentinas.»

Río de Janeiro: una nueva etapa 

Con Oribe en el poder, la persecución de los opositores se intensifica en Montevideo y la familia Manso, como numerosos expatriados, se refugia en Río de Janeiro.

Años más tarde, en su novela Guerras Civiles del Río de la Plata, Juana evocará el ambiente político y literario de aquellos años y las circunstancias que llevaron a los emigrados de Montevideo a refugiarse en Brasil:

Desde entonces se entronizó Rosas. Algunos muchachos como Gutiérrez, Echeverría, Alberdi, etc, escribían artículos de literatura y versos. Rosas no decía palabra, solo la parte política no la tocaba nadie. Bacle (o Bucle) emprendía la publicación del “Museo de las familias”, Echeverría daba a luz sus “Consuelos” , Alberdi su “ Figarillo” . Vino la complicación francesa y el bloqueo de los años 36 y 37, creo. Mientras tanto, en Montevideo, Oribe había subido a la presidencia y el general Rivera se había sublevado no queriendo entregar la comandancia de la campaña, presidencia más real que la de la República. En ese movimiento de Rivera, Oribe había buscado la alianza de Rosas, y los porteños emigrados, encontrándose perseguidos, se plegaron a Rivera, con la esperanza o la condición de: terminada allá la campaña contra Oribe, venir sobre Buenos Aires, contra Rosas. No sé hasta que grado estarían en ese compromiso los abogados y comerciantes porteños avecindados en Montevideo, lo que sé de cierto, es que una mañana, Oribe los mandó prender en globo para transportarlos al Brasil. Una noche la cárcel de Montevideo albergaba dentro de sus muros, lo más selecto de la emigración de Buenos Aires. Aquel mártir, y santo Rivadavia y el Dr. Agüero su inseparable amigo, caían los primeros. De esa vez, tres- o cuatro Várelas, Alsina, Gallardo, Valencia, era una bendición de Dios, hombres que como Juan Cruz Varela no tenían un ochavo, se les mandaba ir a Santa Catalina. El Dr. Navarro que apenas había logrado reunirse a su joven esposa. Era un cuadro bien doloroso aquel. ¡Cuántas lágrimas! En 1838, año en que van a desarrollarse los sucesos que voy a dibujar, Buenos Aires estaba bloqueado por los franceses. En la campaña oriental triunfaba Rivera y Oribe concentraba sus fuerzas en Montevideo y el Salto a las órdenes del coronel Garzón. La agitación cundía por todas partes y en Buenos Aires la producía Rosas creando la Soc. Pop. Restauradora, gritando contra los franceses, contra las barbas cerradas, el color celeste, el peinado de pico, los atacados, las gorras, los fraques, etc. Esto era una algarabía de mueras y vivas de borracheras y orgías. Tal es el panorama político del Rio de la Plata en los momentos en que lo presento a mis lectores.

En Páginas da mocidade. Memórias das guerras civis do Rio da Prata de 1838 a 1841, que publica como folletín en 1858 en el Diário do Rio de Janeiro, Juana vuelve sobre sus años de juventud, el exilio en Montevideo y los acontecimientos políticos que marcaron ese período. La obra está dedicada a Juan María Gutiérrez.  

Los primeros tiempos en Río de Janeiro no son fáciles. Juana llega a una ciudad desconocida, con otra lengua, otras costumbres y lejos del mundo de vínculos y amistades que había construido en Montevideo. Se siente sola y abatida. José Mármol, desde Montevideo, intenta alentarla:

…Alguna vez no ha observado Vd. amiga mía, que en medio de nuestra situación llena de miserias y vejámenes hay algo de grande que nos hace superiores a cuanto quiere abatirnos? Esta es la razón, amiga mía, porque nada nos deslumbra ni humilla de cuanto vemos en el extranjero; porque existe en nosotros la conciencia de una misión sagrada que debemos cumplir para dejar sin rival la gloria de nuestra patria; como también los recuerdos de su pasado hermoso. Así no me sorprende que se halle V. disgustada en el Brasil. (Carta de Mármol, 1842).

Pero Río de Janeiro irá revelándole también otro mundo. Pronto aprende portugués y comienza a descubrir la riqueza de la literatura brasileña: Basilio de Gama, Claudio Manuel da Costa, Gonçalves de Magalhães, Gonçalves Dias y las poetisas Clorinda y Narcisa Amalia da Costa Siqueira.

Da clases particulares de español y francés.

Durante su permanencia en Río, Juana continúa escribiendo. Con motivo del aniversario del advenimiento de Pedro II al trono, le dedica unos versos. El emperador los recibe con especial agrado y encarga a Paulo Barbosa da Silva, de la Mayordomía de Palacio, que se lo comunique. En una carta fechada el 27 de abril de 1842, Barbosa le escribe:

Tuve el honor de recibir la de vd. con unos versos dirigidos a S. M. I. por el aniversario de su advenimiento al Trono, y puedo aseverar a vd. que el mismo augusto señor los recibió con especial agrado, y me encargó de así comunicárselo a vd. a quien Dios guarde muchos años.

Mayordomía de Palacio, 27 de Abril de 1842.

De vd. atento venerador agradecido.

Paulo Barbosa da Silva.

En 1842 vuelve a crear una escuela para niñas, esta vez en Río de Janeiro. El Colegio Santa Clara, instalado en su casa de la calle de Arcos N.º 8, ofrece una enseñanza amplia: lectura, escritura, aritmética, gramática, trabajos manuales, moral y principios religiosos, junto con geografía, cosmografía, historia, dibujo, idiomas extranjeros, danza, piano y canto.

Un aviso publicado en el Jornal do Commercio de Río de Janeiro da cuenta de la escuela y de su propuesta educativa. Al año siguiente, el 9 de enero de 1843, otro aviso, publicado en el Diário do Rio de Janeiro, anuncia el traslado del colegio a una nueva dirección, cerca del mar, y presenta un programa de estudios ampliado.

La familia recibe en su casa al anciano Bernardino Rivadavia, también exiliado, por quien Juana siente un profundo respeto y admiración. Juana le dedica una composición poética y, el 1.º de enero de 1843, Rivadavia le responde desde Río de Janeiro:

Mi estimada señorita; he tenido la satisfacción de recibir y leer la composición poética con que la bondad de vd. me ha obsequiado. Yo no puedo, en mi situación corresponder dignamente a tan fina demostración.

Tan solo diré: que la razón y la experiencia me han puesto, años ha demasiado de acuerdo con la realidad del asunto de su tan sentida y bien expresada poesía.

Ruego a vd. tenga la bondad de aceptar las protestas de mi reconocimiento y los votos que por su felicidad y un mejor año hace su atento y afecto servidor.

Q. S. P. B.

Bernardino Rivadavia.

P. D.—Tenga vd. a bien presentar a la señora su Madre y señor Padre y hermana mis felicitaciones para el nuevo año.

 

Entre Montevideo y Río de Janeiro

La familia regresa a Montevideo. 

En 1843, El Nacional de Montevideo publica, bajo el título Varias composiciones inéditas desde Río de Janeiro, sus poemas Una tumba y Una lágrima para ella.

La nombran directora de una escuela para niñas. Redacta un Manual para la educación de niñas. Así lo refiere en el Álbum de Señoritas, en 1854:

En 1844 emitimos esa misma opinión al señor general D. Melchor Pacheco y Obes, cuando era ministro de la guerra en Montevideo, y tuvimos el gusto de oír su aprobación; empezamos a escribir unas tablas de lectura y el mismo señor Pacheco y Obes nos facilitó la imprenta del gobierno para imprimir gratis.

Entabla una perdurable amistad con Juan Bautista Cuneo, militante mazziniano de la Joven Italia y editor del periódico L’Italiano. A través de él se vincula con la comunidad italiana y conoce a Giuseppe Garibaldi y a su esposa, Anita Ribeiro. Juana se compromete con la causa de la libertad y la unidad de Italia, a la que dedica en la extensa oda  Armonía. Homenaje de amistad al Sr. Don Juan Bautista Cuneo.

El poema, de 298 versos, expresa su admiración por la historia, la cultura y, especialmente, por la lucha del pueblo italiano por la libertad y la unidad. Seleccionamos un fragmento:

Pobre Poeta, sin nombre

Con un Mundo en mi cabeza,

Sueño Italia con tus artes

Y me embriaga tu grandeza.

Y mirar creo en mis sueños

Tus ciudades, tus pinturas

Tus poetas, tus guerreros

Y tus bellas esculturas.

Y perdida la mente en sus delirios,

Centenares de siglos ve pasando

Y todos de tu gala y tu riqueza

La huella poderosa van dejando.

Y yo á tí cantarte Italia!

A tí que de grandes hombres

Mas que el Atlántico arenas

Tienes sobre tí los nombres!

Yo que soy en este suelo

Pobre flor de la llanura,

Que nació en la inculta pampa.

Sin perfume ni hermosura!

Mas, ¿por qué no he cantarte

Puede mi canto ofenderte?

El morirá en el desierto

y no es ofensa quererte.

Hija de un suelo lejano

Te he mirado con amor:

Porqué no puedo ofrecerte

De la América una flor?…

La permanencia en Montevideo vuelve a ser breve y la familia decide regresar nuevamente a Río de Janeiro.

Juana retoma las clases particulares de idiomas, escribe poemas y traduce obras de teatro francesas. Se conserva el registro de una de ellas: Le royaume des femmes, ou le monde à l’envers, de Charles Desnoyer y Théodore Cognard, estrenada en 1833. Su traducción, O reinado das mulheres ou O mundo às avessas, se estrena en 1844 en el Teatro de São Pedro de Alcântara. Es posible que haya realizado otras traducciones de autores franceses; como señala Elizabeth Ribeiro Azevedo, en esa época no era habitual que quedara registrado el nombre de los traductores.