Biografía Breve

 

Juana Manso, una mujer fuera de lo común

 

 

 
Buenos Aires, 26 de junio de 1819 – 24 de abril de 1875

Juana se interesó por mejorar la vida de los niños de su época, cuando la mayoría de las personas no sabían leer ni escribir y las pocas escuelas que existían estaban destinadas a los hijos de las familias más acomodadas.

En las provincias del interior, las escuelas eran muy pobres, y cualquiera que supiera leer y escribir podía ser maestro.

La enseñanza religiosa era muy importante, y en cuanto a la disciplina reinaba el castigo. «La letra con sangre entra» era un dicho común.

Juana creía que las escuelas debían ser lugares alegres, luminosos y limpios, donde se despertara en los niños el interés por aprender a través del buen trato, del ejemplo, del juego y del amor.

Quería que todos los niños tuvieran acceso a una educación que les permitiera desarrollar su carácter, su inteligencia, sus capacidades y su curiosidad.

Para ella, ser maestro era una de las profesiones más bellas e importantes para un país.

Su padre era un ingeniero español que defendía las ideas de la Revolución de Mayo, ocurrida nueve años antes del nacimiento de Juana.

Trabajaba para el gobierno haciendo puentes y canales y conocía a hombres importantes como Bernardino Rivadavia. Desde muy chica, Juana escuchaba en su casa discusiones —muchas veces agitadas— sobre los destinos de la patria.

Juana aprendió sola a leer y a escribir, y le encantaban los libros.

Concurrió a una de las primeras escuelas para niñas de Buenos Aires, pero se aburría, no le gustaba cómo enseñaban; a veces la aplazaban por no saber de memoria el alfabeto (¡aunque ya leía libros!).

Su padre siempre la alentaba con mucho cariño y ella siguió estudiando por su cuenta.

A los 14 años, tradujo del francés dos libros que su padre hizo imprimir. También estudiaba música y escribía poemas que, a veces, publicaba en los periódicos.

Desde joven fue muy independiente y participaba en reuniones con escritores, donde conversaba con ellos de igual a igual. En su tiempo, las mujeres debían estar calladas, ser sumisas: obedecer primero a sus padres y luego a sus maridos, cuidar a sus hijos, realizar labores domésticas o tocar el piano si eran de familias adineradas. 

Juana pensaba que la inteligencia no tiene sexo y que la mujer debía tener las mismas oportunidades de educación y libertad que los hombres. Pero esto era muy mal visto en su época.

Eran tiempos difíciles: la lucha por la independencia seguía sin tregua, los gobernantes no se ponían de acuerdo sobre cómo organizar el país, y Buenos Aires y las provincias del interior estaban siempre enfrentadas por el poder. 

Cuando Juan Manuel de Rosas gobierna en Buenos Aires, la familia Manso tiene que huir a Montevideo y todos sus bienes son confiscados.

A partir de allí comenzó un largo peregrinaje, marcado por la pobreza.

Primero vivieron en Montevideo, luego en Río de Janeiro, yendo y viniendo más de una vez.

En Montevideo, Juana abrió una escuela para niñas en su propia casa. Tenía 22 años y quería implementar nuevos métodos de enseñanza. 

Escribía poemas, se reunía con otros escritores, también exiliados, que propagaban las ideas de libertad y justicia para su patria.

Cuando Rosas pacta con el gobierno de Montevideo, ella y su familia se exilian a Brasil. 

Juana dicta clases de idiomas a las familias acomodadas y traduce obras del francés. 

En Brasil, al igual que en Montevideo, funda una escuela para niñas en su casa.

En un teatro importante de Río de Janeiro conoce a un joven violinista y compositor portugués. Se enamoran y, a los tres meses, se casan.

Realizan giras artísticas por Brasil y luego parten a Estados Unidos.

Allí atraviesan muchas dificultades y pasan penurias, pero Juana no se deja vencer. Sigue estudiando, conoce otras experiencias educativas y se acerca a las nuevas ideas sobre la educación de las mujeres y su lugar en la sociedad.

Escribe la letra del oratorio Cristóbal Colón y comienza a redactar su novela Misterios del Plata.

Nace su primera hija, Eulalia, pero ya agotados los ahorros y sin recursos para vivir deciden viajar a Cuba.

Allí son muy bien recibidos; Juana se enamora de Cuba, de su paisaje y de su gente. Quizá haya sido su época más feliz. 

Nace Herminia, su otra hija, y entre giras y viajes por la isla, compone la obra de teatro El huérfano y comienza a escribir el diario para su hija, Manuscrito de la madre.

Finalmente, regresan a Brasil. Juana despliega allí una intensa actividad: escribe libretos para las obras musicales de su esposo, funda Jornal das Senhoras, un periódico dedicado a las mujeres en el que defiende sus derechos y la necesidad de educarlas, y publica por entregas su novela Misterios del Plata.

Escribe diversos artículos y otras obras que publica en la prensa. Las obras dramático-musicales se estrenan en los teatros más importantes de Brasil y tienen mucho éxito.

Pero el matrimonio empieza a tener dificultades. Su esposo la abandona y se va a Portugal. Tras la muerte de su padre —apoyo y sostén durante toda su vida— y la derrota de Rosas en Caseros, decide retornar a Buenos Aires.

Juana traía muchas ideas nuevas y experiencias que pensaba que podían contribuir a la formación de la República que estaba naciendo. Pero no fue así: la recibieron como a una extraña. ¿Quién era esa mujer pobre, proveniente de una familia desconocida, sin marido y con dos hijas? ¿Quién se creía que era para venir a traer ideas de afuera y además querer enseñarlas?

Sí: Juana Manso había madurado y era una mujer fuera de lo común.

Pero Juana no se resigna.

Publica un periódico para mujeres, el Álbum de Señoritas, donde expone sus ideas sobre la educación: cómo debían ser las escuelas, los libros escolares y los maestros, y cómo crear escuelas para todos, sin distinciones. También defiende la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres, la libertad religiosa y reclama que se termine con la matanza de los pueblos indígenas. Pide paz y unidad entre hermanos.

También en su periódico publica por capítulos su novela La familia del Comendador, en la que denuncia la esclavitud y el racismo en Brasil. A través de los conflictos de una familia acomodada y de las escenas de crueldad y opresión que tenían lugar en un ingenio, Juana cuestiona una sociedad que negaba la libertad y la dignidad a las personas esclavizadas.

El periódico tuvo que cerrar después de su octavo número porque no había suficientes suscriptores para continuar.

Buenos Aires la ignora. Tampoco la aceptan para dar clases en las escuelas para niñas, que en ese momento estaban a cargo de las damas de la Sociedad de Beneficencia.

Sin medios para mantener a su familia, decide regresar a Brasil.

Juana no se deja vencer por las dificultades. En Brasil, logra integrarse a los elencos de importantes compañías teatrales y trabaja como actriz en numerosas obras. Pero, después de nuevos desencuentros y adversidades, en 1859 regresa definitivamente a Buenos Aires.

Cuando Juana Manso conoce en Buenos Aires a Domingo F. Sarmiento, quien la apoya y la nombra directora de una escuela mixta, su vida cambia para siempre.

Se hacen amigos, comparten ideas, sueños y un carácter fuerte que no los detiene frente a las adversidades.

En la primera escuela mixta de Buenos Aires, Juana aplica sus ideas: introduce juegos, recreos, clases de música, baile, dibujo, idiomas y gimnasia.

Elimina los castigos físicos y busca que los alumnos aprendan con alegría y curiosidad, sin repeticiones tediosas de memoria. Es muy criticada: la escuela mixta es un escándalo para la época, pero ella no se preocupa y sigue adelante con sus reformas. El cariño de los niños y sus progresos son su mayor recompensa.

Juana lucha por mejorar la educación en todo el país y dedica su vida con pasión a esa tarea: enseña y dirige escuelas; desarrolla nuevos planes de estudio; supervisa y
fortalece la labor de los maestros; impulsa la creación del primer jardín de infantes en Buenos Aires; funda bibliotecas populares; ofrece lecturas públicas; traduce obras de educación.

También escribe el primer libro de lectura de historia argentina para escuelas: Compendio de la historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Dirige durante diez años los  Anales de Educación Común, publicación creada por Sarmiento para el fomento de la educación en todo el país. En 1871 fue nombrada integrante de la Comisión Nacional de Educación, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar un cargo público en la administración nacional.

Juana trabaja incansablemente por los derechos de las mujeres, para que puedan desarrollar su inteligencia y ocupar cargos y trabajos en igualdad de oportunidades y condiciones con los hombres.

Reclama y denuncia a los gobiernos que no invierten en educación para mantener a la población ignorante.

Juana sostiene que la educación de todos los niños es una responsabilidad compartida por las familias y la sociedad, y que debe ser común y de calidad, sin distinciones.

Brega por la libertad religiosa, el matrimonio civil y la defensa de los pueblos indígenas. 

Pocos la comprendían y valoraban: le ponían obstáculos, la insultaban, le manchaban la ropa y la llamaban «Juana la loca».

Juana Manso estaba segura de su misión: sus ideas, tarde o temprano, iban a florecer, aunque para defenderlas hubiera que sufrir.

Tuvo razón: con el paso del tiempo muchas cosas fueron cambiando y su pensamiento sigue vigente como nunca.

Murió a los 55 años, sin honores y en la pobreza. Enferma, seguía enseñando a leer y escribir a los niños de su barrio. Se había convertido al protestantismo y se negó a renunciar a su fe para recibir los sacramentos y poder ser enterrada en el cementerio local.

Fue enterrada en el cementerio inglés. Con esta frase despidieron sus restos: «Aquí yace una argentina que, en medio de la noche de la indiferencia que envolvía a la patria, prefirió ser enterrada entre extranjeros antes que profanar el santuario de su conciencia».

En 1915, sus restos fueron trasladados al Panteón del Magisterio en el cementerio de la Chacarita.

Juana Manso fue una mujer adelantada a su tiempo, valiente, creadora y trabajadora incansable. Sus ideas nos invitan a soñar con una escuela mejor.

Actualmente, muchas escuelas, instituciones y calles en todo el país llevan su nombre, y su obra es nuevamente publicada.

Poco a poco su figura vuelve a ser reconocida, pero si preguntamos al público en general, ¿quién fue Juana Manso? Pocos podrán responder o solo dirán haber oído su nombre, tal vez por una calle o una escuela.

A pesar de su grandeza, continúa siendo una figura desconocida.

¿Por qué será?

María De Giorgio