Juana y las escuelas

Para Juana Manso, aprender sirve
para conocer y entender el mundo,
y también para poder elegir
cómo vivir mejor en él.

Aprender nos ayuda a conocernos,
a disfrutar de las cosas que nos gustan,
a cuidarnos de lo que no nos hace bien,
a llevarnos mejor con los demás
y a encontrar maneras de ser útiles.

Juana dice que no es lo mismo
saber cosas
que saber para qué
y cómo usarlas.

Por eso piensa que la educación
no es solo juntar conocimientos,
sino aprender a pensar
qué hacemos con lo que sabemos
y para qué nos sirve.

Cree que la educación
hace libres a las personas
y las ayuda a vivir mejor.

Por eso defiende que todos los niños,
sin importar de dónde vengan,
tengan el mismo derecho
a recibir una educación
que los ayude a crecer.

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Para seguir pensando

¿Aprendiste alguna vez algo importante
fuera de la escuela?

¿Qué cosas aprendiste
que te ayudan todos los días?

¿Creés que aprender puede cambiar
la forma de ver el mundo?

Para Juana, aprender era una forma de ser libre.
Ahora es tu turno de pensar.

 

Para Juana Manso, aprender a leer
y disfrutar de la lectura
era una de las cosas más importantes
que podía dejarnos la escuela.

Porque cuando una persona sabe leer,
puede aprender sola, hacerse preguntas,
buscar respuestas
y conocer el mundo
a su propio ritmo.

En los libros encontramos muchísimas cosas.
Podemos conocer cómo vivían las personas
hace mucho tiempo,
qué soñaban,
historias tristes y alegres,
aventuras
y personajes que nos hacen reír
o emocionarnos.

También podemos aprender
cómo funcionan las cosas,
cómo se inventan los objetos
que usamos todos los días
y cómo cuidar el mundo
que nos rodea.

Cuando leemos,
el libro y el lector
se vuelven compañeros:
cada historia se imagina
de un modo distinto
en cada uno.

Por eso, un mismo libro
nunca es igual
para todas las personas.

Juana decía que los libros
pueden ser nuestros amigos:
nos acompañan,
nos consuelan cuando estamos tristes
y están con nosotros
cuando nos sentimos solos
o incomprendidos.

En la época de Juana,
casi nadie sabía leer
y había muy pocos libros.
Por eso trabajó mucho
para que hubiera escuelas
y bibliotecas para todos.

Tradujo libros,
quiso que los niños aprendieran idiomas
para poder leer en otras lenguas,
y escribió poemas y cuentos
especialmente para ellos,
cuando casi no existían.

Para Juana, leer
no era solo una tarea de la escuela:
era una forma de imaginar,
de conocer
y de aprender a ser libre.

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Preguntas para pensar

¿Alguna vez pensaste
qué pasaría si no supieras leer?

¿Recordás cuál fue
el primer libro
que te gustó de verdad?

¿Hay algún libro
que sea especial para vos?
¿Por qué?

Para Juana Manso, aprender no tenía que ser aburrido
ni consistir solo en repetir
o memorizar sin entender.

Ella creía que la curiosidad
era el empujón más importante para aprender,
y que aprender podía ser
una verdadera aventura.

Pensaba que se aprende
de muchas maneras:
leyendo, observando,
preguntando, probando
y también equivocándose.

Juana sabía que no todos
aprendemos igual
ni al mismo tiempo.
A algunos nos cuestan más los números,
a otros las letras,
y a otros nos encantan
los experimentos.

Por eso creía que todos los niños
debían tener la oportunidad
de encontrar su propia manera de aprender,
sin sentirse mal,
sin estar “arriba”
ni “abajo” de nadie.

Juana también pensaba
que competir para ser el mejor
no ayuda a aprender.
Cuando el miedo a equivocarse
o la vergüenza de no saber
son más fuertes que la curiosidad,
el aprendizaje se achica.

Para ella, aprender
no era ganar ni perder,
sino entender, crecer
y animarse a seguir intentando.

También pensaba que,
como el mundo cambia
todo el tiempo,
la escuela no podía enseñar
siempre de la misma forma.

Por eso buscaba caminos nuevos
y hacía cosas distintas,
para que los niños disfrutaran
y tuvieran siempre
ganas de aprender.

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Preguntas para pensar

¿Qué te gusta más:
mirar, probar, comparar
o preguntar?

¿Alguna vez sentiste que aprender era una forma de jugar?

¿Te pasó alguna vez
sentir miedo de equivocarte
o vergüenza de no saber?

En la época de Juana Manso,
muchas escuelas eran tristes
y muy serias.
Había castigos
y se aprendía con miedo.

A Juana eso no le gustaba.

Ella imaginaba aulas alegres,
luminosas y limpias,
donde los chicos
se sintieran a gusto
y se despertara su imaginación.

Quería que pudieran sentirse libres:
moverse, preguntar,
cantar, bailar
y decir lo que pensaban
sin temor.

Para Juana, los maestros
eran muy importantes.
Creía que, con paciencia y cariño,
debían escuchar
y acompañar a cada niño,
ayudarlos a crecer sanos,
seguros y felices.

Pensaba también
que los maestros debían enseñar,
sobre todo, con el ejemplo.

Creía que debían
seguir estudiando
y estar dispuestos a cambiar,
y no repetir siempre lo mismo.

También fue una de las primeras
en defender los recreos
y luchar por la eliminación
de los castigos en la escuela.

Juana creía que la escuela
debía ser un lugar cuidado,
donde los niños
se sintieran respetados
y felices de estar.

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Preguntas para pensar

¿Cómo te gusta que sea un aula
para sentirte bien
y con ganas de aprender?

¿Qué pasa cuando un maestro te escucha
y te toma en serio?

¿En qué momentos
te animás más
a preguntar
o a decir lo que pensás?

¿Te pasó alguna vez
querer mucho a un maestro
y recordarlo con cariño?

Para Juana Manso, lo más importante en la vida
era poder ser una persona valiosa,
sincera
y con buen corazón.

De nada sirve saber mucho
si no nos cuidamos
y respetamos, a nosotros
y a los demás.

La escuela es un lugar
donde aprendemos a conocernos
y a vivir junto a otros.

Allí aprendemos a escuchar
y a entender que todos somos diferentes,
y que todos merecemos
tener un trato justo.

También aprendemos a no hacer a los demás
lo que no nos gusta
que nos hagan.

En la escuela hacemos amigos,
aprendemos a ayudar
y a dejarnos ayudar,
a compartir ilusiones, sueños
y también tristezas.

Aprendemos a equivocarnos
sin enojarnos,
a tener paciencia
y a esperar nuestro turno.

A decir lo que no nos gusta
con respeto,
y a callar
cuando es necesario.

Juana pensaba que las normas
están hechas para ayudarnos,
y que, si no las respetamos
todos por igual,
no hay justicia
y no podremos convivir
ni crecer en libertad.

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 Preguntas para pensar

¿Qué cosas podés hacer
para que tus amigos
se sientan bien?

Si tu aula fuera un lugar feliz,
¿qué te gustaría que pasara ahí
todos los días?

¿Qué cosas buenas pueden pasar
cuando nos cuidamos
y nos ayudamos
entre todos?

 

Para Juana Manso, la familia era muy importante.
Ella pensaba que las primeras cosas que aprendemos las recibimos en casa.

Cómo nos cuidan, cómo nos hablan, cómo nos escuchan
y cómo nos guían con amor
es fundamental para crecer.

Por eso trabajó sin descanso para que las mujeres pudieran estudiar.
Creía que las mamás —junto con los papás— tenían una tarea enorme:
acompañar y educar a sus hijos.

También pensaba que los niños debían ir a la escuela desde muy pequeños,
para ayudar a las familias en esa etapa tan importante.

Por eso creó el primer Jardín de Infantes en la ciudad de Buenos Aires.

Para Juana, la escuela y la familia debían trabajar juntas.

Las familias pueden opinar, dar ideas, conocer la escuela,
respetar a los maestros y acompañar con entusiasmo.

Y los maestros también deben escuchar a las familias,
para poder guiar mejor a sus alumnos.

La escuela es de todos.
Y cuando es pública, la sostenemos entre todos.

Por eso debe ser buena, cuidada y querida.
Porque un país con buenas escuelas puede crecer y tener un futuro mejor.

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Para seguir pensando

¿Cómo te gusta que tu familia te acompañe cuando aprendés algo nuevo?

¿Qué cosas pueden hacer juntos la familia y la escuela para que los chicos crezcan felices y aprendan mejor?

¿Qué es lo más importante que aprendiste en tu casa hasta hoy?