
Para Juana Manso, cada persona tiene derecho
a pensar por sí misma,
a hacerse preguntas,
a elegir
y a decir lo que siente
y lo que piensa,
aunque otros no estén de acuerdo.
En su época, muchas ideas
no podían decirse en voz alta,
y menos si venían de una mujer.
Pero Juana se animó igual.
Pensar por uno mismo
no significa estar en contra de todo,
sino escuchar, observar,
comparar ideas
y sacar conclusiones propias.
Juana confiaba en la inteligencia de los niños
y creía que todos podían aprender
a pensar con libertad.
Las ideas crecen
cuando se comparten
con respeto.
Preguntas para pensar
¿Alguna vez dijiste lo que pensabas,
aunque otros pensaran distinto?
¿Qué harías
si alguien no está de acuerdo
con tus ideas?
¿Qué se puede aprender
cuando compartimos
nuestras ideas
con respeto?

Para Juana Manso, mujeres y hombres
podían aprender, trabajar
y pensar por igual.
Creía que nadie es menos
por ser, creer
o pensar diferente.
En su época, muchas personas
no pensaban que las mujeres
pudieran estudiar, trabajar
o decir lo que sentían.
Pero Juana no se calló:
escribió muchos artículos
para que más gente entendiera
la importancia de la igualdad
y el respeto.
También soñaba con un país
donde todos pudieran vivir bien
y ayudarse unos a otros.
Un país con libertad
para actuar
y hacer lo que nos gusta,
respetando siempre
a los demás.
Juana creía que todos
podían hacer su parte
para que eso fuera posible:
cuidando a las personas,
respetando las normas
y practicando valores como
la solidaridad,
la justicia
y la responsabilidad.
Preguntas para pensar
¿Qué cosas te hacen sentir respetado o respetada?
¿Cómo te gusta que te traten
cuando pensás o sentís distinto?
¿De qué maneras podemos ayudarnos
y cuidarnos
entre todos?

Para Juana Manso, el cuerpo,
la mente
y el corazón
aprenden juntos.
Cuando sentimos alegría, tristeza, miedo,
vergüenza, enojo o amor,
aprendemos a conocernos mejor
y a escuchar
lo que nos pasa.
Al sentir, también aprendemos
a cuidarnos.
Vamos descubriendo
cómo reaccionamos frente a las cosas
y qué necesitamos
para estar mejor.
Juana creía que la escuela
es uno de los primeros lugares
donde aprendemos
a ser nosotros mismos
y a convivir con otros.
Allí no solo aprendemos
con palabras,
sino también con el ejemplo
de lo que vemos
y vivimos
cada día.
Por eso pensaba que los maestros
son muy importantes:
pueden ayudar
a que el corazón crezca
o lastimarlo
sin querer.
Para Juana, alimentar el corazón
era:
ver cosas hermosas,
escuchar música y sonidos
que nos hagan bien,
estar atentos
a lo bueno que nos pasa,
ser amables,
no burlarnos
ni lastimar a otros,
decir y amar la verdad
y actuar con generosidad.
Todo eso
también es aprender.
Preguntas para pensar
¿Qué aprendés sobre vos mismo
cuando sentís distintas emociones?
¿Qué cosas hacen
que te sientas bien
cuando estás con otras personas?
¿Cómo podés ayudar
a que tus amigos
se sientan bien
en la escuela o en casa?

Desde muy chica, Juana se dio cuenta de algo que le dolía:
muchas personas no se entendían ni se respetaban.
En vez de unirse para vivir en paz, había guerras, peleas e injusticias.
Y no lo veía lejos… lo veía muy cerca.
En su tiempo hubo enfrentamientos entre argentinos, luchas con otros países, violencia contra los pueblos indígenas, pocas libertades, muchas personas viviendo en la pobreza y sin poder estudiar.
Y las mujeres y los niños casi no tenían voz.
Juana pensaba que el remedio para tantos problemas era la educación.
Pero no cualquier educación.
Una educación que nos ayudara a pensar, a crecer y a ser mejores personas.
En esa época estaban cambiando las formas de gobierno.
Nuestro país estaba empezando a organizarse y había que decidir con qué reglas vivir.
Para Juana era fundamental que se respetaran las libertades:
la libertad de pensar, de creer, de expresarse.
Cada persona debía poder vivir a su manera, siempre que no hiciera daño a los demás.
También creía que quienes gobiernan no están por encima de las personas.
Su tarea es cuidar que se cumplan las normas y trabajar para el bien de todos.
Por eso, decía que aprender a pensar por nosotros mismos, escuchar distintas opiniones y comparar ideas nos ayuda a elegir gobernantes justos y honestos.
Juana estaba convencida de algo muy importante:
nacimos para vivir junto a otros y buscar caminos para entendernos.
Para ella, el amor era una fuerza capaz de transformar el mundo.
Creía en Dios y sentía en el corazón que todos somos parte de una misma gran familia.
Y que juntos podemos aprender a vivir en paz.
Preguntas para pensar
¿Qué cosas nos ayudan a ponernos de acuerdo cuando pensamos distinto?
¿Escuchar? ¿Hablar con calma? ¿Buscar algo en lo que coincidimos?
Cuando hay un conflicto en la escuela o en tu barrio,
¿qué se puede hacer para que haya más armonía y menos pelea?
¿Por qué pensás que es importante poder decir lo que sentimos
y también escuchar lo que sienten los demás?