Desde Montevideo, Juana se une al movimiento de emigrados, quienes, como herederos del pensamiento revolucionario de mayo, difunden los ideales de asociación, progreso, fraternidad e igualdad. Desde el exilio, impulsan profundas transformaciones: fundan escuelas e institutos, crean periódicos, publican libros y propagan ideas renovadoras que desafían el orden establecido. Así los describe José Mármol en la carta a Juana Manso de 1842:
La mitad de una generación de héroes de cuyos labios salió el grito de la libertad americana, y cuyos brazos completaron la primera parte en el campo de batalla: toda una generación joven y entusiasta, por completar la obra de sus padres, lejos la una y la otra de su patria, por no inclinar su frente a la reacción del despotismo, trayendo consigo las creencias, las ideas, los deseos, y la fe y los colores que proclamó su patria cuando proclamó su libertad; y pasar su vida compartiendo estos elementos de una revolución inmensa para ahogar con ellos el último aliento de un despotismo inveterado; no porque nada nos deslumbra ni humilla de cuanto vemos en el extranjero; por que existe en nosotros la conciencia de una misión sagrada que debemos cumplir para dejar sin rival la gloria de nuestra patria; como también los recuerdos de su pasado hermoso.
En Buenos Aires, su casa es confiscada y vendida en una subasta pública.
Promueve la creación de una bandera argentina, bordada en secreto por niñas porteñas en su hogar, que llega clandestinamente al General Lavalle y a los expatriados en Montevideo. Años más tarde, en 1858, en Páginas da mocidade: memórias das guerras civis do Rio da Prata de 1838 a 1841, escribe:
Todas eramos costureras de la nación, el pago de esos trabajos era la esperanza de volver a la patria y la conciencia del cumplimiento del deber.
Estas jóvenes, a través de su trabajo, no solo realizaban una labor simbólica, sino que se conectaban con una causa más grande: la esperanza de ver a la patria libre y unificada.
El General Lavalle le envía una carta de agradecimiento, que transcribe en la obra arriba citada. Además, el joven oficial Bartolomé Mitre le dedica unos versos -refiere Lily Sosa de Newton-. Por esta acción patriótica recibe un anónimo y habladurías. Mariquita Sánchez relata en el Diario a Esteban Echeverría, 1839-1840:
Esta bandera la inició la joven Juana Manso e invitó por una circular a las damas argentinas a contribuir con sus talentos y sus dineros. Así lo han hecho, y en poco tiempo fue concluida una rica bandera bien bordada en oro, con el sol, nuestro padre. Recibió esta pobre joven, después de mil murmuraciones y habladurías, un anónimo amargo, y pasó aviso a los contribuyentes para que se reunieran en su casa para decidir cómo y a quién debía presentarse.
Escribe poemas y se sumerge en la lectura de los románticos, movimiento introducido, en el Río de la Plata, por Esteban Echeverría, por quien siente una profunda admiración. En 1852, lo evoca en tono jocoso en O Jornal das Senhoras:
Siempre recuerdo que era una apasionada hasta el frenesí de las poesías de Esteban Echeverría, a quien Alejandro Dumas llamó -Lamartine americano-, ese mozo cuyas rimas dulces y sonoras penetraban como una música melodiosa hasta el fondo de mi corazón, yo lo imaginaba pálido y hermoso, medio hombre y medio arcángel; sobre todo segura de encontrar en él ojos grandes y azules, de mirar profundo y sereno. Ay Desgraciada! Un día me presentaron a Echeverría. Era moreno, picado de viruelas, feo y tenía ojos pequeños y bizcos. Y con un grito involuntario exclame: Pues este!… es Echeverría! Este-, según la intención de mi voz, era lo mismo que decir- Este monstruo! Fue un dolor mortal el que sentí viendo mi ideal despedazado. En cuanto el pobre mozo se detuvo en mi casa, me guardé mucho de mirarlo por segunda vez. Después cuando hubo desaparecido y en la soledad de mi pensamiento evocaba la imagen del poeta de mis sueños, siempre se interponía el espectro bizco de tenebrosa viruela. Nunca más leí las Rimas de Echeverría.
Publica sus primeros poemas en El Nacional de Montevideo: La mujer poeta, Recuerdos de la infancia, El Rosario, El ciprés, A la muerte de la Srta. Mercedes Antuña, A la muerte del joven poeta Adolfo Berro, Un preludio de dolor.
En 1841, abre en dos habitaciones de su casa, una escuela para niñas, el Ateneo de Señoritas, ubicada en la calle San Pedro 246. A principios de abril, publica en El Nacional de Montevideo un detallado aviso promocionando la escuela:
«A los Padres de Familia»
Bajo la respetabilidad del nombre de mi señora madre, tengo el honor de anunciar a las madres de familia, que en todo este mes de Abril se abrirá una casa de educación en mi casa, calle de San Pedro N°246. La enseñanza no será común, y las personas que gusten pueden venir a revisar el método arreglado por las mismas bases que el método ensayado en París por varios colegios y pensionatos (el método a que me refiero es el llamado Politecnicográfico) y que en corto tiempo ha mostrado su utilidad por los adelantos de los niños. La escritura es el medio principal para el resto de la enseñanza puesto que en vez de una plana insignificante de palabras incoherentes, las niñas copiarán lecciones que en un principio serán de ciertas cosas al parecer triviales, pero que poco a poco las va habituando a raciocinar y facilitando el estudio de Geografía, Historia Sagrada y profana, y otros conocimientos propios para embellecer el espíritu de las señoritas, y que son el objeto primero del método enciclopédico que es el que anuncio. Siempre he considerado que el conducir la naciente y fácil inteligencia de las criaturas, era una misión grande y laudable, bajo este principio no he trepidado en ofrecer a la juventud mis conocimientos; feliz de mí si logro inspirar la confianza que mis buenos deseos por el adelanto de la juventud, merecen! – La enseñanza general será, después de las nociones ya enunciadas: lectura, aritmética, doctrina cristiana, labores de manos de todas clases y un gran cuidado en las maneras de las señoritas, y lecciones de moral.- Todos los sábados llevarán las niñas a sus casas el trabajo de la semana, para que sus padres juzguen por él, tanto del método que se seguirá como de la aplicación de las niñas; la plana de ese día contendrá máximas morales sacadas del célebre libro de los niños del señor Martínez de la Rosa. Conociendo cuán necesario es el estímulo para el adelanto de la juventud, las niñas obtendrán todos los días puntos buenos o malos según su conducta, y los sábados, habrá revista general de todo cuanto se aprenda y se distinguirá el método por “tarjetas” que señalarán cuál es la clase de adelanto y que se darán también por cierto número de cedulas repartidas en la semana.
Cada tres meses habrá una especie de premios privados, y cada año en el 18 de Julio (Fecha patriótica uruguaya), un examen público. Las niñas no tienen que llevar ni papel ni plumas, pues todo lo da la casa. El precio de las niñas que estén en estado de empezar el método enciclopédico, será de cuatro patacones y el de las que entren a primeras letras será de dos, advirtiendo que la lectura y escritura se empezarán por estas a un tiempo, como igualmente la tabla, la doctrina y la costura. La entrada en verano será por la mañana a las 8 para salir a las 11 y media y a tarde a las tres para salir a las seis. En invierno: por la malsana a las 9 para salir a las 12. En la tarde a las dos para salir a las cinco.
Habrá reglamento para el interior de la escuela cuyo examen harán las madres de familia que se dignen fiarme la educación de sus hijas, por él valorarán el orden que reinará en la escuela y el verdadero interés que tomo por la educación de las niñas. La falta de local me priva por ahora recibir pupilas y me limito a externas y medias pupilas. Si logro mi objeto que es la confianza de las madres creo que el establecimiento se mejorará y tomará la forma de un colegio. A mi cargo estará una clase de gramática castellana y otra del idioma francés. También se enseñará inglés, piano, canto, y dibujo. Estas clases se pagarán aparte, pero sus precios serán muy módicos. Los límites de un prospecto nunca serán suficientes a desarrollar perfectamente un plan tan vasto de educación como el que me propongo y sólo dará una breve idea de él. Pero como ya lo he dicho, las personas que quieran distinguirme con su confianza pueden por ellas mismas examinar lo que hay escrito del método y algunas otras frioleras de las que se enseñarán. Por mi señora madre — Juana Paula Manso.
El programa es completo e innovador. Su amigo Adolfo Van Gelderen escribe en su Curso de Pedagogía Familiar en 1875:
Fue este el primer establecimiento femenil montevideano en que se enseñó geografía y un breve cursillo enciclopédico…los diarios de la época hacen a su fundadora los mayores elogios.
José Mármol y el poeta uruguayo Alejandro Magariños Cervantes alientan su vocación literaria. Publica en El Nacional A Corrientes vencedora, por la victoria del General Paz en Caagazú y otros poemas en El Constitucional.
Estudia italiano e inglés:
En esa época en mi tenaz propósito de aprender el inglés, Elias quiso estudiarlo tambien y pagabamos el maestro á escote entre los dos. Pobre Mr. D!… era tuerto y solíamos olvidar la seriedad del acto, porque los pocos años se dejaban tentar por la risa. (artículo Elías O’Donell en la Revista Argentina, 1869)
Para la celebración del 25 de mayo realizada en el Teatro de Comercio, envía un poema que será leído junto a los de Acuña de Figueroa, Rivera Indarte, Domínguez, Echeverría, Mitre, Cantilo y Magariños Cervantes. Es difícil ser reconocida dentro de este grupo de exiliados, pero con perseverancia Juana logra hacerse un lugar. Menciona en el diario a su hija:
La casualidad me hizo nacer entre esa clase escogida de la sociedad y más tarde mi aplicación e inteligencia natural me conquistaron el primer lugar entre las jóvenes argentinas.
A través de Oribe, la persecución de Rosas llega a Montevideo, la familia Manso, como numerosos expatriados, se refugia en Río de Janeiro.
En su novela Guerras Civiles del Río de la Plata, describe el cuadro:
Desde entonces se entronizó Rosas. Algunos muchachos como Gutiérrez, Echeverría, Alberdi, etc, escribían artículos de literatura y versos. Rosas no decía palabra, solo la parte política no la tocaba nadie. Bacle (o Bucle) emprendía la publicación del “Museo de las familias”, Echeverría daba a luz sus “Consuelos” , Alberdi su “ Figarillo” . Vino la complicación francesa y el bloqueo de los años 36 y 37, creo. Mientras tanto, en Montevideo, Oribe había subido a la presidencia y el general Rivera se había sublevado no queriendo entregar la comandancia de la campaña, presidencia más real que la de la República. En ese movimiento de Rivera, Oribe había buscado la alianza de Rosas, y los porteños emigrados, encontrándose perseguidos, se plegaron a Rivera, con la esperanza o la condición de: terminada allá la campaña contra Oribe, venir sobre Buenos Aires, contra Rosas. No sé hasta que grado estarían en ese compromiso los abogados y comerciantes porteños avecindados en Montevideo, lo que sé de cierto, es que una mañana, Oribe los mandó prender en globo para transportarlos al Brasil. Una noche la cárcel de Montevideo albergaba dentro de sus muros, lo más selecto de la emigración de Buenos Aires. Aquel mártir, y santo Rivadavia y el Dr. Agüero su inseparable amigo, caían los primeros. De esa vez, tres- o cuatro Várelas, Alsina, Gallardo, Valencia, era una bendición de Dios, hombres que como Juan Cruz Varela no tenían un ochavo, se les mandaba ir a Santa Catalina. El Dr. Navarro que apenas había logrado reunirse a su joven esposa. Era un cuadro bien doloroso aquel. ¡Cuántas lágrimas! En 1838, año en que van a desarrollarse los sucesos que voy a dibujar, Buenos Aires estaba bloqueado por los franceses. En la campaña oriental triunfaba Rivera y Oribe concentraba sus fuerzas en Montevideo y el Salto a las órdenes del coronel Garzón. La agitación cundía por todas partes y en Buenos Aires la producía Rosas creando la Soc. Pop. Restauradora, gritando contra los franceses, contra las barbas cerradas, el color celeste, el peinado de pico, los atacados, las gorras, los fraques, etc. Esto era una algarabía de mueras y vivas de borracheras y orgías. Tal es el panorama político del Rio de la Plata en los momentos en que lo presento a mis lectores.
En su libro Páginas da mocidade. Memórias das guerras civis do Rio da Prata de 1838 a 1841, que publica como folletín en 1858 en el Diário do Rio de Janeiro, evocará sus años de juventud durante el exilio de Montevideo.